Apuntes, rayones y manchas de mi vida

El asesinato de Roberto Samcam no se explica dentro de los límites de un caso común. La información que manejaba, y que llegó a instancias del Estado costarricense, sugiere un cruce entre narcotráfico, estructuras políticas y operaciones que no se detienen en una frontera.

Samcam no era funcionario público ni parte de un cuerpo de inteligencia formal. Era un civil en el exilio. Aun así, logró construir un cuadro de información que, según ha trascendido, incluía rutas de narcotráfico, actores vinculados a estructuras del poder en Nicaragua y posibles conexiones con organizaciones como el Cártel de Sinaloa. La pregunta que queda es inevitable: cómo un civil logra ese nivel de detalle en un terreno donde los Estados suelen moverse con cautela o silencio.

Nicaragua aparece en esa lectura no como un punto aislado, sino como un nodo que podría conectar distintas capas del fenómeno. Si esa estructura existe y logra ser documentada, su alcance difícilmente se limitaría a un solo país. El narcotráfico en la región funciona como red. Se alimenta de continuidad territorial, de rutas que cruzan fronteras y de actores que operan en distintos niveles al mismo tiempo. Por eso, la exposición de una pieza podría arrastrar otras.

Costa Rica entra en ese mapa desde otro lugar. No como centro de producción ni necesariamente como punto de aterrizaje aéreo relevante, sino como espacio de tránsito, de almacenamiento y de salida. En los últimos años se ha vuelto habitual que las noticias reporten incautaciones de cargamentos que partieron desde territorio costarricense con destino a Europa. Eso es lo que se logra detectar. Lo que no se detecta queda fuera de cualquier estadística. También queda abierta la interrogante sobre otros destinos, particularmente Estados Unidos, principal mercado mundial de consumo, donde no siempre es visible qué ocurre del lado de quienes reciben la droga. No es una afirmación, es un vacío que persiste.

Dentro de ese contexto, Samcam no solo observaba desde afuera. Estaba activo. Mantenía contacto con la Dirección de Inteligencia y Seguridad Nacional y entregó información sobre estructuras de sicariato y posibles operaciones en curso. Esa relación introduce una dimensión distinta, porque implica que el Estado costarricense no era ajeno a lo que él estaba señalando.

Ahí surge uno de los puntos más sensibles del caso. Si la información existía, si había advertencias y si se conocía el riesgo, por qué no se activaron mecanismos de protección. Y más aún, por qué se habría limitado el flujo de información hacia el Organismo de Investigación Judicial. La explicación que se ha mencionado, el temor a filtraciones, abre un problema mayor del que pretende cerrar. Hablar de filtraciones implica reconocer que hay espacios vulnerables dentro de las propias estructuras.

A esto se suma la dimensión internacional. Se ha señalado que Samcam pudo haber aportado insumos a informes sobre Nicaragua en instancias como Naciones Unidas, donde se han documentado redes de persecución que operan fuera del territorio nicaragüense. Si esa participación se confirma en toda su magnitud, el alcance de su trabajo deja de ser local y pasa a insertarse en un escenario mucho más amplio.

La hipótesis que queda flotando: Si se logra probar una estructura de narcotráfico con vínculos políticos dentro de Nicaragua, esa evidencia difícilmente se detendría en ese país. Las rutas, los actores y las operaciones forman parte de un sistema continuo. Exponer un punto puede significar abrir el resto. ¿Se expondría toda la red de narcotráfico centroamericana?

En medio de ese cuadro aparece otra coincidencia que, sin ser prueba de nada, introduce una inquietud adicional. Cuatro días después del asesinato de Samcam fue detenido Celso Gamboa Sánchez. La cercanía temporal no permite conclusiones, pero sí habilita una pregunta que algunos empiezan a formular en voz baja. Si Samcam estaba compartiendo información sensible, incluso sobre posibles dinámicas del narcotráfico en Costa Rica, cabe preguntarse si parte de ese material rozaba estructuras o actores locales que luego entraron en el radar judicial, ¿eso hizo la detención de Gamboa pocos días después?

No se trata de afirmar que exista una relación directa. Tampoco de sugerir que una investigación haya derivado en otra. Pero en un escenario donde convergen inteligencia, narcotráfico y decisiones institucionales poco transparentes, la coincidencia abre un espacio legítimo de duda. Más aún cuando se ha mencionado la posibilidad de filtraciones dentro de los propios aparatos del Estado.

El caso Samcam, en ese sentido, no parece cerrar con una detención ni con la identificación de autores materiales. Más bien deja una sensación persistente: que la información que estaba en juego podía tener un alcance mayor del que hasta ahora se ha El casreconocido públicamente.

Y que algunas respuestas, por ahora, siguen sin decirse en voz alta. 


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