Audionarración:
No puede desconocerse que, tras la proclamación solemne de la nueva soberana del Royaume de la Côte Brisée, el reino entero aceptó el gesto con la resignación propia de los actos ya decididos, con una excepción tan clara como incómoda. Fue El Muñeco la única región provincial que manifestó, sin ambages ni disimulos cortesanos, su desacuerdo con la elección de Marion como reina designada, aun cuando la propia dama contara con palacio y comodidades en aquellas mismas tierras. Tal paradoja no pasó inadvertida, aunque se procuró no subrayarla en exceso, pues difícilmente habría ya remedio alguno.
Conviene recordar, mes chères lectrices et chers lecteurs, que El Muñeco arrastraba desde años atrás un cansancio particular, fruto de edictos sucesivos emanados del actual rey y de su Corte, disposiciones que, bajo el pretexto del orden y la eficiencia, habían recaído con severidad sobre el campesinado que alimenta al reino entero. No solo en El Muñeco, es cierto, sino en todas las provincias; pero fue allí donde tales medidas se leyeron con mayor detenimiento, acaso porque la región, más instruida que otras zonas rurales, conservaba todavía el hábito de examinar lo que se le imponía, además de ser tenida por provincia tradicionalmente leal al Partido Perruche. De esa lectura nació la disidencia, y de la disidencia, el murmullo.
En ese clima de desacuerdo contenido se hizo visible Mademoiselle Hazel Barrahonda, habitante del Muñeco, mujer sin título ni protección, cuya falta consistió en haber dicho en voz alta lo que muchos comentaban en voz baja. Se insinuó que sus palabras no eran convenientes, que su tono resultaba inapropiado para tiempos de coronación, y que su insistencia en señalar agravios campesinos podía confundirse con una falta mayor. No se reprodujo con exactitud lo dicho; bastó con afirmar que había sido dicho.
Así, una mañana de apariencia tranquila, se presentaron en su puerta los Sabuesos del Tribunal, portadores de una gravedad oscura y de órdenes redactadas con esmero, aunque no de la delicadeza que suelen pregonar. Registraron la vivienda con un celo que dejó tras de sí muebles desplazados, papeles revueltos y una sensación de desorden que tardaría en disiparse, como si el procedimiento exigiera también una huella visible. Se recogieron objetos de uso cotidiano y se condujo a Hazel Barrahonda sin necesidad de forcejeos, pues en el Royaume de la Côte Brisée la obediencia suele imponerse antes de que la razón encuentre palabras.
Es menester señalar que, para entonces, los Sabuesos ya no respondían al mando de Ráñiga, antiguo jefe del cuerpo, cuya ausencia pertenece a otro relato que convendría no anticipar. La jefatura recaía de forma interina en Miguel Solo, figura discreta y de contornos aún imprecisos, sobre cuya cercanía con la Corte circulaban dudas no del todo infundadas, máxime cuando era la propia Corte la que, con mano firme y sonrisa compuesta, cercenaba el financiamiento destinado a los Sabuesos, exigiéndoles al mismo tiempo eficacia, lealtad y silencio.
Es menester señalar también que la reina designada, Marion, no habría reclamado tal diligencia, aunque ello no alteró el curso de los procedimientos, ya que en este reino la protección se ejerce incluso sin ser solicitada. Se dictaron entonces medidas prudentes, tan prudentes que limitaron la palabra, el gesto y el pensamiento, no fuese que la disidencia, como mala hierba, volviera a brotar.
Madamú, que escucha desde los márgenes y escribe con tinta discreta, no puede evitar observar que El Muñeco no fue castigado por rebelarse, sino por recordar. Mientras la Corte aspiraba rapé y hablaba de unidad, una región entera comprendía que la educación no siempre sirve para ascender, sino, a veces, para disentir. Queda al lector decidir si Hazel Barrahonda fue acusada porque el reino temió más a una mujer que hablaba, a una provincia que sabía leer, o si ambas cosas, al coincidir, resultaron excesivas para un orden que se pretendía inalterable.
Madame Murmures
Glosario del Reino
Mademoiselle Hazel Barrahonda
Habitante del Muñeco, señalada por expresar el desacuerdo provincial.
El Muñeco
Región del Royaume de la Côte Brisée, única en manifestar oposición abierta a la designación de Marion. Antigua capital del Reino.
Marion
Reina designada del reino, con palacio en El Muñeco y poder solo en apariencia.
Sabuesos del Tribunal
Cuerpo del Tribunal encargado de las diligencias judiciales del reino, conocido por su obediencia estricta, a veces, a las reglas.
Ráñiga
Antiguo jefe de los Sabuesos del Tribunal, ya ausente del cargo. Su salida corresponde a otro episodio aún no consignado.
Miguel Solo
Jefe interino de los Sabuesos del Tribunal, figura de lealtades inciertas y cercanía discutida con la Corte.
Rapé
Polvo fino que se aspira por la nariz y despierta el cuerpo mientras enturbia el juicio. En la Corte se exhibe como hábito distinguido; entre la plebe circula como costumbre y consuelo. Aunque prohibido desde siempre, lo usan nobles, pueblo y el propio rey, prueba de que las leyes que se incumplen arriba terminan volviéndose polvo abajo.
Partido Perruche
Partido de larga trayectoria en el Reino, tenido por pilar de lealtades antiguas, coronó varios reyes y una reina; también conocido como Partido Perico.
Royaume de la Côte Brisée
Reino de la Costa Rota, región ceremonial donde el murmullo se administra y el desacuerdo se archiva.
Mes chères lectrices et chers lecteurs
Mis queridas lectoras y queridos lectores; fórmula de cortesía de Madamú, que en el uso futuro del Reino tenderá a abreviarse como mes chelects.

