Apuntes, rayones y manchas de mi vida

Quizás algún día alguien le haga llegar esta nota a Celso, el magistombo, como tantas veces le dije:

Celso,

No somos amigos. Nunca lo fuimos. Pero tampoco fuimos extraños. Nos saludamos, coincidimos en espacios públicos, cruzamos palabras, y siempre hubo un respeto básico, siempre estuvimos en orillas opuestas. Eso importa decirlo hoy, porque no te escribo desde el odio ni desde la revancha.

Cuando me detuvieron en Ochomogo, escribiste algo que, en medio de la injusticia y el circo mediático, fue correcto: dijiste que yo comunicaba, que no agredía, que no era capaz de lo que se me acusaba. Lo agradecí entonces y lo agradezco ahora. No borra nuestras diferencias, pero habla de un mínimo de honestidad. Al final salí con una gran disculpa del juzgado de Cartago.

Hoy te toca a vos estar del otro lado del muro. Y no voy a fingir sorpresa ni pena personal. Tus decisiones, tus alianzas, tus silencios y tus ambiciones te trajeron hasta aquí. Pero aun así, te escribo para decirte algo simple: calmá la mente, protegé el corazón y asumí la verdad completa.

Costa Rica necesita que hablés. No para salvarte, no para negociar privilegios, sino para que este país sepa cómo opera el narcotráfico en serio: sus raíces, sus pactos, sus vínculos con políticos, con empresarios grandes y pequeños, con instituciones que miraron para otro lado. La sangre que hoy corre por las calles, primero en los barrios empobrecidos y ahora en todo el territorio, no cayó del cielo. Es consecuencia directa de decisiones como las tuyas y de quienes pusieron el ego y la billetera por encima de la vida.

Lamento la ley de extradición. No porque te toque a vos, sino porque mañana puede tocarle a cualquiera. Un montaje se le puede hacer a una defensora de derechos, a un sindicalista, a una persona incómoda. Costa Rica debería tener la capacidad de juzgarte aquí, con su propio sistema judicial, si ese sistema no estuviera corroído. No tuviste la suerte de que fuera la DIS quien te acusara, hubieras salido libre al día siguiente, por ineptos.

Pensá también en tu familia. En personas honorables, en especial tu madre. Pensá en lo que significa cargar con verdades que nunca se dijeron. Cantá, Celso. Afiná la garganta. Soltá la sopa. Cumplí tu condena. Y si algún día regresás, hacelo con algo que hoy falta: arrepentimiento real.

Nunca coincidimos. Vos, neoliberal, enemigo del ambiente, del bien común, siempre buscando el negocio. Yo, del lado de quienes luchan por sostener este país. Pero el respeto existió. Ojalá ahora exista también la responsabilidad.

Este terruño es amable, sabe perdonar, cuando se dice la verdad completa.

Stella


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