
En esta fecha de 11 de noviembre del año MMXXV, cuando el sol despuntaba tímido sobre la Almohada y el Reino aún bostezaba con cierta inocencia fingida, llegó a mis oídos un acto insolente del Reino Naranja del Norte. Un congresista de aquel imperio, creyéndose tutor de Costa Zafiro, osó levantar su voz para defender la inmunidad del Rey Guarito I, como si este terruño fuese posesión suya, o como si nuestras leyes requiriesen la bendición extranjera para funcionar.
Quien conozca la historia del continente sabe que los hombres del Norte jamás han podido resistir la tentación de meter sus dedos grasientos en nuestras decisiones. Pretenden vigilar nuestras coronas, nuestros pactos, nuestros plebeyos, nuestros tributos, nuestras miserias y hasta nuestras esperanzas. Tal manía nació con sus barcos y continúa con sus carruajes alados de acero que reparten democcracia según ellos. Nada nuevo bajo el cielo.
Mas para explicar esta más reciente arrogancia, debo abrir el cofre secreto que pocas veces enseño. Aquí ofrezco una confesión que no deseo veáis en plazas públicas ni entre susurros malintencionados. Vuestra Lady Susurros tiene un galán extranjero. Sí, sí, podéis levantar la ceja. Viene dos veces al año, con sus modales exquisitos, su voz que parece hilo de agua clara, y su paciencia inquebrantable ante mis desvelos por la política turquesa. Ese sí es chisme de alcoba, más necesario para hilar esta trama.
Hace unos días, mi galán se hallaba en el Aerocarruajes, esa catedral de vuelos de pájaros majestuosos, donde los carruajes alados reposan entre viajes. El ambiente olía a café reciente y a perfume extranjero. Los viajantes caminaban en tropel, los nobles fingían no ver a nadie, los guardias lucían solemnes como si custodiaran tesoros ancestrales. Y allí estaba él, sentado en un banco de madera bruñida, conversando conmigo a través de su esmuyo, ese aparato que permite a dos almas hablar aunque los mares se interpongan.
Me dijo con voz grave, suiry, contemplad la imagen que os he enviado. Abrí el pergamino luminoso y casi solté la exclamación. Allí, a escasos pasos de él, estaba una mujer envuelta en turquesa, que caminaba con la altivez de quien cree que las paredes se inclinan para dejarla pasar.
Le susurré a mi galán, uy, estáis en presencia de esa mujer, la que no debería andar suelta sin advertencia previa.
Su pasaporte pendía de su mano izquierda. Su esmuyo brillaba pegado a la oreja. Mi galán, que no domina nuestra lengua pero tiene oído afilado, me narraba palabra por palabra lo que alcanzaba a escuchar. Y yo, su suiry, escuchaba con la piel erizada, como quien presiente que se asoma a un misterio oscuro.
Ella decía que iba rumbo al Reino Naranja del Norte. Decía que tenía pactada una cita con los jefes de MAGA, el grupo que llevó a la corona al actual rey del norte, así en minúscula, decía que estaban sin monedas, que la Corte Real del Guaro había agotado tesoros y necesitaban mendigar oro, favores y asesores de estrategia. Contaba con voz mordaz que traería a varios expertos en estiércol digital, especialistas en manipular plebeyos y encender hogueras falsas en las Redes del Vulgo.
Y entre susurros burlones, decía a su interlocutor que había que ajustar el eslogan a las capacidades del vulgo turquesa. Que ella había recomendado HAGA, emulando el del norte, pero que el rey quería MACHO, por Make A Chaves Officialist, réplica servil del viejo conjuro del Norte, pero quizás convenía usar MACHA, porque la candidata peliteñida se beneficiaría de ese eslogan, pero que al fanatismo le gusta la simplicidad bruta y las palabras con final escandaloso y como el rey decide, se quedó MACHO.
Decía también que ya estaban diseñando los signos externos del nuevo movimiento. Gorras, mantos, banderas y hasta candelabros con el lema HAGAMOS GRANDE A COSTA ZAFIRO, un plagio descarado del conjuro extranjero. Aseguraba que muy pronto las plazas del Reino verían hordas de Guaristas repitiendo consignas sin comprender su origen colonial, satisfechos de servir a intereses ajenos sin siquiera saberlo.
Mi galán bajó su esmuyo y me dijo con voz suave, suiry, esa mujer ríe como quien trama una travesura de proporciones imperiales.
Yo me quedé congelada. Llamé al Pergamino del Pueblo. Un periodista tardó dos días en responder y jamás volvió a llamar. Llamé al Semanario de los Eruditos Rebeldes, quienes dijeron que sí, que luego, que pronto, y nunca ocurrió. Todo en silencio. Todo en penumbra. Todo en desdén. Nadie quiso la noticia de la intromisión, y hoy ya se dan los frutos del vuelo de la Trola Mayor al norte.
Como relámpago sobre cielo despejado, aparece un congresista del Norte defendiendo la inmunidad del Rey, acusando al Parlamento de los Suspiros de actuar contra la democracia. Qué ironía. Qué descaro. Qué afrenta. El imperio que ha financiado guerras, narcotraficantes, golpes, invasiones, dictadores y traidores presume de democracia ajena.
Costa Zafiro siempre ha sido codiciada. Por su ubicación entre Pinolagua y el Canaleño. Por su cercanía a rutas que los hombres del Norte sueñan controlar. Por su aparente docilidad, su tamaño diminuto y su valor geopolítico inmenso. Ellos no buscan proteger nuestra seguridad. Lo que buscan es asegurarse un lacayo, un peón, una marioneta con corona.
El viaje secreto de esa mujer y la declaración del congresista no son hechos separados. Son las dos puntas de una misma cuerda, tejida con hilos de intervención, soberbia y manipulación.
Y ahora, sí, revelo lo que ya sospechaba. La mujer que mi galán vio en el Aerocarruajes, la que hablaba de MACHO y MAGA con tono de ceremonioso logro, la que viajaba a suplicar favores imperiales, la que llevaba a su trol favorito como guardaespaldas, era Kaky de los Corrales.
La Trola Mayor.
Operadora del turquesa. Tejedora de troles. Sirvienta del Guaro. Ajena al honor y amiga del poder sin fronteras.
Vuestra siempre,
Lady Susurros
Y para aquellos que podáis comprobar lo que os digo, basta con buscar en el registro migratorio quién salió ese día de Costa Zafiro. Ya que no es menor lo que os narro en esta crónica, os ruego estar vigilantes de mi suiry y de mí, los últimos días los ataques han sido muchos y ya que Kaky es la gobernanta de los troles me temo que estas crónicas y mi vida real serán atacadas sin piedad. No me soltéis.
Glosario zapotónico de la Crónica 99
Trola Mayor
Operadora superior del turquesa, estratega de troles y emisaria del poder del Guaro.
MACHO
Movimiento A Chaves Hegemónico Oficial, réplica servil del conjuro extranjero adaptado al Reino.
MACHA
Versión vulgar de MACHO, usada en secreto para manipular al vulgo.
Rey Guarito I
Monarca narcisista, mitómano y acosador repatriado del Reino de Costa Zafiro.
Corte Real del Guaro
El gobierno central dominado por el turquesismo del Rey.
Reino Naranja del Norte
Territorio imperial extranjero con larga tradición de intervencionismo en los reinos latinos.
Aerocarruajes
El aeropuerto del Reino, donde reposan y despegan los carruajes alados.
Esmullo
Artefacto parlante que permite comunicación a distancia.
Suiry
Galán extranjero de Lady Susurros y testigo accidental del complot.
Bufones del Algoritmo
Troles pagados por la Corte Real para hostigar, manipular y esparcir estiércol digital.
Costa Zafiro
Nombre zapotónico del Reino.
Pinolagua
Territorio al norte de Costa Zafiro, nodo estratégico.
Canaleño
Territorio al sur de Costa Zafiro asociado al control del gran canal.
Plebeyos
Habitantes comunes del Reino, vulnerables a las artimañas del turquesismo.
