
En la Ciudad Obrera, 28 de septiembre de MMXXV
Os tenía en abandono. ¿me extrañasteis o por lo menos a mi pluma?
Aconteció, vuesas mercedes, hace una semana que el Reino de Costa Zafiro despertó con hedor de cloaca en las cámaras del poder. Nano de la Mora, guardián de la Cámara de los Pergaminos Oficiales, se pasea en carruaje del erario, con toda la pompa de corte, mientras el vulgo murmura de una denuncia que le quema los faldones. El Rey Guarito I, siempre narcisista como espejo sin azogue, le ofrece sombra de palacio, y la Corneta Pillina I, dama de lengua veloz, sopla su trompetilla para encubrir con ruido la gravedad de los hechos. No hay decencia cuando la impunidad se sienta a la mesa con servilleta de seda.
En las redes del vulgo los Bufones de la Corte celebran con risas de establo que la denuncia la iniciase una madre. Pues yo digo, con el permiso de las Matronas del Coraje, que el amor materno es espada y escudo, y que en materia de honra la edad y la negación al acto son sagradas. Quien convierte esa ternura en mofa es criatura sin entrañas, devoto ciego del guarismo decadente.
También se oyó en La Voz de la Radio un rumor de oficina. Lyneve la Facha, dama acomodada y siempre bien sentada en su trono de redacciones, habría despachado a sus subalternos con estas palabras que pongo textuales, para que no digan que Susurros exagera:
“Ahí lo que pasó es que a (nombre del denunciante) se le abrió el culito, no hay de otra.”
Ved la vileza que se pronuncia como si fuera sentencia. Sirva saber que, cuando la corte quiere doblar la balanza, empieza por ensuciar la lengua. Y así los ecronistas cortesanos, serviles por tributo de monedas doradas, pretenden alzar el ánimo del guardián menestral, mientras denigran al mozo que denunció.
Así actúa la prensa lacaya, esperemos, por el bien de la patria, que Lyneve la Facha nunca sea nombrada como guardiana o cronista de alguna cámara. Que el cielo nos libre de tanta maldad, si osa hablar así de un cronista en desgracia, ¿qué podríamos esperar?
Mas no todo es pantomima. Al filo de la tarde me senté a tomar el té con mi comadre la Madrina de Asís, del Monte de las Palmeras, docta señora de la Torre de Marfil Rebelde y comandanta de las Amazonas, y me dijo que:
“El guardiancillo de comunicación y su supuesto descargo de la acusación de violación son patéticos. No solo usó recursos reales, la bandera del Reino y reveló el nombre del denunciante, sino que habría que repetirle el abecé de la violación. El hecho de que haya recogido al denunciante en su morada no dice nada sobre si lo violó o no. El que hayan tomado licor juntos tampoco dice nada de si lo violó o no. Incluso si fueran pareja, una cosa es salir con alguien y otra consentir a tener sexo. Aprovecharse de una persona que está bajo los efectos del alcohol y que no puede dar su consentimiento, siempre constituye una violación. Hay amplia literatura en el Reino y allende los mares sobre lo que constituye una violación en una cita y este caso es como de libro de texto. Asqueroso todo, como es la tónica en esta Corte Real.”
Y así continuó la Madrina de Asís: “Mientras tanto, la corte de Guarito I rasga encajes y pregona cifras menesterosas para nublar entendederas. Si ayer Pillina I anduvo diciendo que apenas un puñado de denuncias llega a condena, lo que en verdad pregona es una de dos pestes, ambas pestilentes. O presume que las víctimas mienten, o confía en que el laberinto judicial les canse los pies. Ni una ni otra suenan a justicia. Suenan a estrategia.”
En los corredores del Parlamento de los Suspiros se escucha además el chasquido de monedas. Los mercaderes favorecidos, siempre tan generosos con la Corte, pasan bandejas invisibles a diestra y siniestra. Los Guaristas cuentan los frijoles, los Monjes del Acomodamiento Eterno guiñan el ojo, y la Hermandad del Versículo Selectivo busca silla donde no se vea la vergüenza. Si algún parlamentario pregunta por los escáneres de la Pampa, por las marteras que no llegan por los traidores y las traidoras, o por las cuentas del Cofre, responden con danza de cifras, como quien arroja confites a una turba para que no note que le roban el pan.
El tinglado entero muestra su tramoya. Nano de la Mora se cobija en el manto real, la Corneta Pillina I intenta tocar a destiempo para distraer al vulgo, Lyneve la Facha hace filigrana de palabras para torcer conciencias, y los Bufones de la Corte esparcen estiércol binario por Tictolandia, Feisburgo e Instalanda. Todo para que olvidemos lo esencial. Que la dignidad del cuerpo es inviolable. Que no hay carruaje oficial ni bandera de palacio capaces de convertir un no en un sí. Que la honra de un Reino se mide por el amparo a sus más vulnerables y no por el lustre de sus espejos.
Si Guarito I desea que el pueblo crea en su justicia, que deje de jugar al monarca impune. Que permita que los Sabuesos del Tribunal hagan su oficio sin relojes trucados ni esmullos de medianoche. Que la Cámara de los Pergaminos Oficiales se purgue de quienes la usan como tapete. Y que a la Madrina de Asís se la escuche, pues habla con la autoridad que dan la ciencia y la conciencia.
Vuestra siempre,
Lady Susurros
Glosario zapotónico
Rey Guarito I: soberano narcisista de Costa Zafiro, mitómano y acosador
Nano de la Mora: guardián de la Cámara de los Pergaminos Oficiales, denunciado por violación de un súbdito
La Cámara de los Pergaminos Oficiales: ministerio de comunicación del Reino
La Corneta Pillina I: dama de lengua veloz, eco de la Corte
Lyneve la Facha: cronista acomodada en La Voz de la Radio
La Voz de la Radio: casa de pregones donde trabajan los heraldos del dial
Madrina de Asís del Monte de las Palmeras: académica de la Torre de Marfil Rebelde, comandanta de las Amazonas
La Torre de Marfil Rebelde: universidad mayor del Reino
Bufones de la Corte: troles pagados desde la Corte Real
Los Guaristas: devotos del Guaro, feligresía del Rey
Ecronistas cortesanos: prensa oficialista que narra la historia de palacio
Matronas del Coraje: madres y jefas de hogar que protegen a sus hijos
Parlamento de los Suspiros: cámara de los señores diputados
Mercaderes favorecidos: financieros de la Corona que compran voluntades
Justa Sala del Cuarto: alto tribunal de las garantías
Marteras: antiguas perreras de los Sabuesos del Tribunal
Redes del vulgo: plazuelas del chismorreo digital
Tictolandia Feisburgo Instalanda: dominios del vocerío en la red
Esmullos: espejos de los murmullos usados para hablar y chismear en la medianoche
Hermandad del Versículo Selectivo: casa política de los sermones convenientes
Los Monjes del Acomodamiento Eterno: casa política de pactos perpetuos y conveniencias
