
En la mañana del día 17 del mes de septiembre de MMXXV, cuando los candelabros todavía bostezaban su última gota de cera, llegó a la Fiscalía del Reino Cristo el Vúlgaro, mercader de imágenes y portador de una memoria que ni el vino fuerte ni el miedo pudieron borrar. Decía que en los corredores de la Bóveda Centroamericana del Oro se había tejido un conjuro para torcerle la lengua, que mensajeros de Wersis Maen, banquero lacayo y celador de esa Bóveda, le rondaron como moscas de verano, prometiendo hiel si no cambiaba su recuerdo y azúcar si lo cambiaba. Y no es lacayo de poca monta, que Wersis Maen carga la bolsa de oro más pesada de la Corte del Guaro, y por esa paga servil cumple presto el oficio de correveidile de amenazas, con reverencias untadas de miedo. Pedían que negara lo que vio, que callara lo que oyó, que vistiera de terciopelo un harapo maloliente.
Cristo el Vúlgaro no llegó con trompetas ni tambores. Llegó con la quietud del que ya no tiene más que perder y se plantó ante Negro Noche, Sabueso Mayor de la Torre del Tribunal, para decirle que el hechizo subía hasta el salón de los vicios, donde mora el Rey Guarito I con su coraza de impunidad abollada por los golpes de la verdad. No pidió escoltas, pidió escucha. No pidió dineros, pidió resguardo para su casa y para el pan de su compañera, porque las sombras que lo persiguieron no hablaron de ideas sino de deudas, de créditos, de sustento, como quien empuña el frío del cofre para torcer conciencias.
En los patios del Reino se comenta que la Justa Sala del Cuarto ya había puesto fecha al ritual del desafuero, y que el Rey, temeroso de no oír aplausos en la plaza, busca apagar candiles antes de que el Parlamento de los Suspiros decida si ha de quitarle la coraza. Que el conjuro de la Bóveda consiste en apretar gargantas con números, asustar a las familias con la sombra del desempleo, convertir la necesidad en mordaza y la hipoteca en grillete. Vieja alquimia de tiranos.
Y mientras tanto, Felicia la Cronista ha contado en sus máscaras cuán voraz es el apetito de la vanidad cuando se ve reflejada en mil copas, y cuánto desprecio destilan los que gobiernan con látigo envuelto en listón. Sus páginas andan de mano en mano como vela en noche cerrada, porque el Reino entendió que la mentira se viste de gala y que el miedo viaja en carruaje de lujo. Felicia sabe de qué habla Cristo; sabe que la venganza es uno de los vicios del Rey.
Si he de decir lo que vi, diré que este pergamino de denuncia de Cristo el Vúlgaro no viene solo. Viene con el murmullo de muchas gargantas que aprendieron la lección primera de las plazas libres, aquello de que la verdad no se negocia y que ninguna Bóveda, por grande que sea, puede comprar la luz del mediodía. Si el Rey Guarito I sueña con callar testigos a punta de cuentas por pagar, despertará en la sala donde los suspiros se vuelven votos y los votos, veredicto. Allí no vale el termo ni los gritos contra sus lacayos de paga. Allí pesa la palabra y el Reino, cansado de trucos, querrá saber si lo que llamaron conjuro era no más el viejo crimen de coaccionar al que habla.
Que quede asentado en este registro de tinta y tribunal que el Reino no es rebaño de números. Que quien toque la puerta de un hogar para torcer un testimonio no venga luego a llamarse defensor del orden. Y que a Cristo el Vúlgaro, si por un instante le deslumbró el oro y le pesó el miedo al Rey, le baste hoy la luz del remordimiento bien encauzado: nunca es tarde para ponerse en orden con la vida honesta. Hoy el sol ya asomó por el patio de la Fiscalía del Reino. El vulgo juzga duro, pero también perdona cuando la palabra termina siendo verdad.
Vuestra siempre, Lady Susurros
Glosario zapotónico
Rey Guarito I
Monarca del Reino de Costa Zafiro, narcisista de coraza abollada y lengua de látigo.
Cristo el Vúlgaro
Mercader de imágenes y denunciante que trae el pergamino de amenazas a la Corte.
Wersis Maen
Banquero lacayo, celador de la Bóveda Centroamericana del Oro, bolsa de oro más pesada de la Corte y correveidile de amenazas.
Bóveda Centroamericana del Oro
Cofre mayor del Reino por donde circulan los préstamos y favores que atan gargantas.
Fiscalía del Reino
Altar de los expedientes donde se custodian denuncias y se invoca protección a testigos.
Negro Noche
Sabueso Mayor de la Torre del Tribunal, guardián de las causas graves.
Torre del Tribunal
Fortaleza de la justicia del Reino, donde se dirimen las culpas.
Justa Sala del Cuarto
Cámara severa que fija ritos y decide sobre coraza y privilegios.
Parlamento de los Suspiros
Casa de los votos donde las quejas del vulgo se vuelven sentencia.
Felicia la Cronista
Escritora de las máscaras del Rey, exguardiana de la Cámara de los Pergaminos del Reino.
