
Carta de Su Majestad Guarito I, Soberano de Costa Zafiro,
Emperador de la Voluntad Plebeya,
Heraldo de sí mismo,
Guapo entre guapos,
Resplandor sin sombra.
Mi señora Lady Susurros,
Escribo esta carta con la solemnidad con que los dioses dictan rayos y con la paciencia con que los sabios afinan relojes. Mucho se murmura que estoy enfermo, que mi respiración exhala vapores fétidos, que mi presencia en plazas se trueca en abucheo. Nada más falso, nada más indigno de mi estatura. Estoy cansado, sí, pero cansado de trabajar por un pueblo que me ama con devoción sin medida, un pueblo que me sigue con suspiros y que se arroja a mis pies con la fe con que las abejas buscan la miel.
No necesito troles que me defiendan, porque mi ejército de corazones late de manera espontánea en cada esquina del reino. ¿Quién soy yo para comprar lo que ya poseo en abundancia? Los plebeyos me aman, todos, sin excepción. Cuando me ven, suspiran. Cuando me escuchan, callan. Cuando me rozan, se iluminan.
Aseguran mis detractores que en El Muñeco hubo abucheo. No hubo tal cosa, sino un coro de aclamación que vuestra pluma, envidiosa de mi luz, quiso disfrazar de silbido. Decís que mi aliento es mortal, mas sabed que ninguna dama ni bestia ha huido jamás de mis labios. Antes bien, han quedado prendidas, como mariposas en una flor, de la dulzura de mi hálito varonil. Yo soy hombre cabal, no he fallado nunca, ni a damas ni a bestias, pues mi hombría es don sobrenatural que no precisa defensa.
Decís que afronto a los tribunales, que cuestiono a los Sabuesos de la Orden Inmaculada Judicial. ¡Pues claro! Son ellos quienes juegan a fingir justicia mientras yo, con mi sola voluntad, reparto paz, mucha paz en el reino. Si alguno muere en la calle, es porque no se cuida, o porque los maleantes se eliminan entre ellos, liberando así a mi pueblo de su sombra.
Me acusáis de haber mostrado mi hombría en la Bóveda de los Prestamistas del Orbe. Yo respondo: ¿qué mayor mérito que ser enaltecido como príncipe macho entre banqueros universales? Ellos me buscaron, no yo a ellos.
Si continuáis propalando injurias, no me obliguéis a dejar de velar por vuestra seguridad. Mis huestes os miran con recelo, y no responderé si alguien, cegado por su amor hacia mí, decide corregiros con rudeza.
Con la magnificencia de los elegidos,
Guarito I, el Invicto, el Guapo,
Amado hasta el último rincón del Reino.
Respuesta de Lady Susurros
Majestad Guarito I, Resplandor sin sombra,
He leído vuestra misiva con la veneración con que se contempla un eclipse: rara belleza que deslumbra los ojos y deja cierto humo en la mirada. Qué dicha es saber que el cansancio que os aqueja no es de enfermedad, sino de tanto trabajar por el pueblo que os sigue con suspiros. En verdad, la fatiga es el perfume más varonil de un soberano, aunque algunos lo confundan con olor menos celestial.
Decís que los plebeyos os aman todos, y así debe ser, porque hasta los silbidos en las plazas, cuando vos los escucháis, se transforman en himnos. Tenéis oído milagroso: donde otros oyeron abucheos, vos descubrís coros. Tal poder de transmutación no se aprende en academias, sino que se hereda de los dioses del espejo.
Vuestro hálito, afirmáis, jamás hizo huir a dama ni a bestia. Y lo creo, pues ¿quién podría escapar de un aire tan memorable? Si alguna huida se dio, habrá sido no por repulsión, sino por exceso de dicha, pues la gloria, cuando es demasiada, asfixia más que el humo de cien antorchas.
Vuestra hombría, decís, es don sobrenatural. No dudo de ello, pues el reino entero comenta que sois hombre tan entero que hasta las criaturas de establo quedan convencidas. Ese es un mérito que pocos alcanzan.
Sobre la Orden Inmaculada Judicial, tenéis razón en que se entretiene en papeles, mientras vos, con sólo cerrar un ojo, repartís justicia más rápida que cien tribunales juntos. Y si los muertos aparecen en las calles, es que ellos mismos se buscaron la sepultura. Qué alivio nos da vuestra filosofía: el reino no sangra, sólo se limpia.
En cuanto a lo de la Bóveda de los Prestamistas del Orbe, quién pudiera gozar del honor de ser homenajeado por usureros tan distinguidos. Que os busquen sin que tengáis que buscarles es prueba de vuestra grandeza: no todo soberano logra ser recordado en pergaminos de acusación con tanto estilo.
Me aconsejáis que no propale injurias. Tomo nota, Majestad. También me advierten vuestras palabras que vuestras huestes podrían, cegadas de amor, corregirme con rudeza. Qué consuelo saber que vuestra paz se defiende a garrotazos: es paz auténtica, pues nada enseña tanto a amar como un buen susto.
Y permitidme, con la reverencia de quien os admira, recordar lo que vos ya sabéis: vuestra coraza del cargo está segura. Apenas la Casa del Pueblo, algunas almas independientes y quizás un perico descarriado hablan de retirarla. Y quizás, sólo quizás, los Duques de la Desregulación. Pero los Monjes del Acomodamiento Eterno, la Hermandad del Versículo Selectivo y, por supuesto, vuestro Círculo de los Parlamentarios del Mal, velarán por ella como doncella por su velo. No hay duda de que vuestra coraza permanecerá intacta y reluciente.
Finalmente, Majestad, agradezco vuestro interés en mi seguridad. Soy dichosa de vivir bajo la mirada de huestes tan apasionadas. Os prometo, como vos lo hacéis al decir que no pagáis troles, así como vuestra Corte hace caso a los mandatos técnicos de los maestros expertos del reino, así como es tu hidalguía y tu garbo, y tu fresco aliento, así mismo es que yo no volveré a mencionarte en mis crónicas. Mas os confieso: temo más a la continuidad del guaro que a los gritos de tus huestes de lumpen. Pues la continuidad del guaro sería la ruina de las cosechas, la quiebra de las campanas, la resaca del reino entero.
Nunca vuestra,
Lady Susurros
Todas las crónicas: https://stellachinchilla.org/
Glosario zapotónico
Guarito I
Rey narcisista, autoproclamado invicto y guapo, soberano del Reino de Costa Zafiro.
Lady Susurros
Cronista satírica del Reino, cuyas plumas desnudan los excesos de la Corte.
Orden Inmaculada Judicial
Los sabuesos del tribunal, guardianes de papeles y espectáculos de justicia.
Bóveda de los Prestamistas del Orbe
Antiguo lugar de trabajo del Rey
Coraza del cargo
La inmunidad de la Corte Real, escudo que protege a los cortesanos del juicio.
Casa del Pueblo
Fracción parlamentaria que enfrenta al Rey y denuncia sus excesos.
Monjes del Acomodamiento Eterno
La Casa que prefiere el acomodo y la complicidad antes que la confronta.
Hermandad del Versículo Selectivo
La Casa que invoca escrituras y rezos para justificar su servilismo al trono.
Duques de la Desregulación
La Casa liberal que no sabemos si se suma al blindaje del Rey.
Círculo de los Parlamentarios del Mal
Fracción oficialista que blinda a Guarito I con obediencia ciega.
Pericos
El Partido de los Pericos Loro, a veces con alguna voz disidente.
