Apuntes, rayones y manchas de mi vida

Me escribió una dulce dama leyente de mis crónicas, y me cuenta lo que sus sentidos registraron el 14 de septiembre en El Muñeco. Aquí os dejo su misiva con su observancia, tal cual me la envió, así os la replico.

Carta de Doña Voz Baja a Lady Susurros

A la siempre discreta y atenta Lady Susurros

Con el respeto que se le guarda a quien camina por las almenas de este Reino de Costa Zafiro sin callar la voz ni perder la pluma, me atrevo a enviaros estas líneas. Soy yo, Doña Voz Baja, una aldeana que escucha y observa, más no siempre calla como debería.

Decís vos, Dama, que el Rey Guarito I enferma de odio, corrupción, poder y vicios. Pero, si me permitís la osadía, no es ese su mal. A los narcisos, ya lo sabemos, tales venenos no les afectan, antes bien les alimentan. El padecimiento real es otro: Su Majestad amaneció enfermo porque el pueblo, cansado de tanto veneno disfrazado de miel, no le rindió adulación.

Os contaré lo que mis ojos vieron en la Plaza del Pregón: un grupo de gente de pueblo, hartos de falsos cánticos, osaron interrumpir al Monarca. Y aunque él recetó con gesto grave su famosa cremita de rosas para todo mal, corre el rumor que fue él mismo quien se la llevó, pues ardía en chimazón su real piel y más aún su delicado ego, mancillado en público.

Ni los de la Dis, ni la Rizada, ni siquiera el Capitán Corega con sus muelas de hierro, lograron contener los gritos del pueblo. Era un clamor tan fuerte como las campanas de medianoche, un rugido que quebró el barniz de obediencia y descubrió la verdad que todos conocemos: Su Alteza enferma de Bilis Regia, un mal que no ataca el cuerpo sino la soberbia, que hincha la vanidad y deja al enfermo sin descanso ni espejo que le contente.

Os dejo, Señora, este relato con el ruego de que lo guardéis en vuestros pergaminos, pues quizá un día deba recordarse que no fue veneno, sino ausencia de incienso lo que postró al trono.

Siempre a vuestro servicio

Doña Voz Baja

Aprendiz de los ecos del pueblo

Y al parecer la dama, como buena observadora también es una artista, me envió la imagen para esta crónica.

Vuestra siempre,

Lady Susurros


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