
He aquí que a mis aposentos llegó una misiva de manos temblorosas, sellada con la cera modesta de una servidumbre que pide anonimato. Su autora, a quien llamaremos Ana la Oreja, es cocinera de un noble togado que sirve cenas a menudo a gentes de la seguridad de la Torre del Tribunal. Ana escucha, calla y guarda lo que oye, mas en esta ocasión me lo confió, sabedora de que mis plumas transforman los rumores en relámpagos.
Ana me cuenta que en el Reino de Costa Zafiro, desde hace decenios, se cultivaba un delicado equilibrio entre los cárteles de la muerte y las casas de la corona. El acuerdo era simple y perverso, mas eficaz. Que la sangre se derramara solo entre los suyos, que el pueblo llano no supiera de matanzas y que la tierra fuera apenas almacén y corredor de la harina blanca.
Mas llegó la Casa de las Crayolas del Limbo, sin experiencia y con la torpeza de un niño con daga. Abrieron las puertas a mercaderes indebidos, y la peste penetró. Luego ascendió el trono de Guarito I, el Acosador Repatriado, cuya hambre no conoce saciedad. No solo tomó el oro de los mercaderes del sur, sino que abrió el cofre a nuevos amos del norte, repartiendo favores a diestra y siniestra.
Así se desató la guerra entre narco operadores, que siempre habían movido las redes del sur con la ayuda de las casas partidarias y de la corte del momento, se vieron desplazados por la avidez de los nuevos huéspedes que ahora se aposentan en las villas y posadas del Reino, no como forasteros de paso, sino como señores permanentes.
En este ajedrez de sombras no podía faltar la enemistad de Farenheit Metrópoli Constrictor, la Boa, con el Demonio. El Demonio movía solo para un lado, fiel a los antiguos mercaderes del sur, mientras que Farenheit la Boa, más calculadora, se dejaba contratar por quien mejor pagara, sin importar el estandarte ni la bandera. Esa diferencia de lealtades sembró la discordia, pues el Demonio veía en la Boa un traidor a la causa de siempre, y la Boa consideraba al Demonio un necio amarrado a un único patrón. De ahí brotó la guerra entre ambos, guerra que terminó por resquebrajar el equilibrio que por décadas mantuvo al Reino como simple corredor del rapé.
Y he de decir que el Demonio, emblema del rapé y estandarte de la podredumbre contable, se ha vuelto el trofeo que ambiciona la Orden de los Cazadores del Norte. En sus vitrinas de propaganda desean colgar su cabeza como prenda de obediencia del Reino, y por ello cercan sin descanso a cuanto sirviente de los viejos mercaderes del sur respire todavía. No es justicia lo que buscan, sino pergaminos de gloria para pregoneros del norte. Así el tablero se inclina y los lazos se tensan en Costa Zafiro, mientras Guarito II hace que vigila con armadura bruñida y Tamal de la Torre, Guarito III, teje silencios en corredores sin lámparas. Y entre esas sombras, el Demonio deja caer migas de pólvora, sabedor de que su captura vale más por el relato que por el delito, pues en esta guerra de espejos una cabeza colgada en la plaza rinde más tributo que mil cuentas abiertas en Damorada, Orogramo o ConfíaPleno.
En esta danza macabra participan no solo mercaderes de pólvora y rapé, sino también bóvedas que lavan las monedas con descaro. Damorada, Orogramo y ConfíaPleno, cofres pintados de respeto pero rezumantes de cieno.
Los Heraldos del Tequila, altavoces de la Corte, han sido señalados de dar campanazos a las gavillas. Tanto es así que los Sabuesos del Tribunal ya les miran con recelo, sospechando que el eco de sus noticias sirve más al crimen que a la justicia.
No menor es el papel de Tamal de la Torre, Guarito III, director del Dominio Inútil Secreto. Él sabe de pactos y de silencios, mas anda señalado por cubrir sombras que no pueden taparse eternamente. Ana me susurra que en corredores oscuros se murmura que la vigilancia de los cielos se debilitó adrede para dar paso a carruajes alados cargados de polvo, y que no hay error inocente, sino concierto tenebroso.
También cuenta Ana cómo el tema de El Turco es en muchas ocasiones tema de sobremesa, de cómo transitando alcoholizado destruyó la vida de una niña, y que aun eso no se vislumbra en la Torre del Tribunal, pero que El Turco es conocido porque está con las manos llenas de rapé, y no es precisamente por consumo. Se ríen de lo torpe que es para esconder sus delitos, y lo nervioso que se pone cuando los Sabuesos lo escudriñan.
Mientras tanto, Mala Noche, la Marquesa del Cálculo, luce distante de Guarito I en apariencia, mas sus silencios se explican por las mismas bolsas de oro que engrasaron la campaña del rey. El oro manchado no conoce fidelidad, reparte favores entre rivales para asegurarse que, gane quien gane, el trono quede hipotecado.
Y desde Chamozuela hasta el norte gringo, la Orden de los Cazadores del Norte mueve las piezas de este ajedrez sangriento. Pretenden no solo exhibir al Demonio como trofeo, sino cambiar la administración de los cárteles, quitar a unos y poner a otros, barajar el mazo a su conveniencia. Y en ese tablero Chamozuela es objetivo inmediato, codiciada por sus riquezas, disputada como botín disfrazado de cruzada.
El Reino ya no es almacén ni paso. Es centro de operaciones, mesa de reunión, escaparate de la miseria y escenario de la guerra. El narco ya no nos bordea, nos devora. Y las voces de cocina, como la de Ana la Oreja, dan fe de que lo que antes se susurraba entre sillas altas ahora retumba hasta en las ollas del servicio.
Vuestra siempre,
Lady Susurros
Glosario zapotónico
Rey Guarito I el Acosador Repatriado. Monarca mitómano y corrupto que abrió las puertas al narco.
Mala Noche la Marquesa del Cálculo. Dama de silencios calculados atados al oro manchado.
Guario Zarza Mora Guarito II el Guardia Mayor de la Corte. Señor de la seguridad, blindado por pactos sombríos.
Tamal de la Torre Guarito III. Director del Dominio Inútil Secreto, inquisidor de sombras.
El Turco. Parlamentario. Noble señalado por atropello trágico y por sus manos manchadas de rapé.
Los Heraldos del Tequila. Cronistas, coro de mensajeros cortesanos señalados de dar aviso a las gavillas.
Orden Inmaculada Judicial Los Sabuesos del Tribunal. Perros de caza de la justicia que husmean delitos y silencios.
Orden de los Cazadores del Norte. Mano extranjera que se creen la guardia del orbe y pretende reordenar cárteles en la región.
Casa de las Crayolas del Limbo. Antigua casa política que abrió puertas a mercaderes indebidos.
Farenheit Metrópoli Constrictor la Boa. Señor del narco del sur, calculador, enemigo declarado del Demonio. Encarcelado.
El Demonio. El más buscado. Emblema del rapé, fiel a un solo bando y ambicionado como trofeo.
Damorada. Bóveda que blanquea monedas con disfraz de respetabilidad.
Orogramo. Cofre veloz de transferencias que perfuma el estiércol del oro.
ConfíaPleno. Cofre de préstamos hecho para confiar en lo innombrable.
Chamozuela. Reino del sur codiciado por sus riquezas en el tablero del polvo.
Ana la Oreja. Cocinera que escucha los secretos de los nobles y los confía en misivas discretas.
