
Por Lady Susurros, con abanico marchito por el polvo de la Almohada y mirada fija en los desvelos de El Muñeco
No es secreto de alcoba ni murmullo de cantina que en las bases de la Casa del Pueblo Sometido la cólera hierve como caldero olvidado en la hornilla. En la provincia de El Muñeco, tierra de churucos y de aguas caídas que antaño llamaron Churuca, los devotos del guaro han levantado su pendón de jaguar. Mas no para rugir contra la corrupción de la Corte Real, sino para enroscar su cola en torno a la obra más necesaria de su provincia, el nuevo nosocomio.
Dicen con voz solemne que no se oponen a la construcción, que claman por un hospital seguro en un terreno seguro. Vaya consigna. Con esa frase barnizada de prudencia se escudan en que los churuguares sí quieren la obra y que defienden la vida, como si las muertes que día a día se acumulan en las salas estrechas del hospital viejo fueran simples peajes del tiempo. No hablan del retraso de años, ni del sabotaje gubernamental, ni del hecho más grave, el impago de la Corte del Guaro a la Caja de las Almas Aseguradas, que ha dejado a médicos y enfermeras con las manos vacías y a los enfermos con la esperanza en suspenso.
Mientras los plebeyos claman por camas dignas y un quirófano que no se inunde al primer aguacero, los jaguares del sometimiento rugen contra el terreno y contra la adjudicación, como si el terreno fuese el enemigo y no la Corte que ha jugado con sus vidas. El Rey Guarito I, envuelto en su capa de piel de jaguar, prefiere seguir contando monedas para su corona antes que pagar las deudas con la salud del pueblo.
Y aquí la sátira se vuelve tragedia, quienes se hacen llamar jaguares se convierten en cómplices de la dilación, repitiendo el discurso de la Corte como papagayos disfrazados de felinos. No entienden, o no quieren entender, que cada mes de retraso equivale a funerales en las aldeas y lágrimas en los hogares. Se proclaman guardianes de la vida, pero en su terquedad alimentan la muerte.
El hospital seguro que prometen no existe más que en su consigna. El hospital inseguro que sufrimos es el de hoy, con pasillos repletos y camas de hierro corroídas. Y la única seguridad que da la Corte Real es que seguirán postergando la obra mientras buscan réditos en cada piedra removida.
Mas la molestia de las bases no termina en las piedras del hospital, sino que se acrecienta en los pasillos de la política. En El Muñeco, los churucos, gente de hablar decente, de cortesía antigua y de palabras medidas aunque les falte el temple para exigir, han reclamado audiencia. Y con el respeto que da la decencia, pidieron reunión con su Virgen del Maquillaje, la candidata a la corona, para expresarle sus quejas. Porque si algo tienen los churucos es lengua cortés, pero también memoria larga.
En aquella reunión, los devotos le recordaron que no basta con pintar de dorado lo que apesta a cobre. Que no aceptan que se les imponga a Blandy, la alquimista de El Muñeco, aquella que hace apenas dos años era perica confesa y que, con artes de transmutación dignas de los grimorios, se convirtió en jaguar para recibir bendiciones de la Corte del Guaro. Esa alquimia oportunista es la que más enoja a las bases, sentir que se les cambió el oro por espejillos y que se les entregó como lideresa a una dama que hasta ayer portaba el plumaje verde del loro.
La irritación es tanta que, aun con sus buenos modales, los churucos no pudieron disimular la afrenta. La decencia en su hablar no les impidió dejar claro que no confían en Blandy la alquimista, que ven en su nombramiento una ofensa a la lealtad de quienes han sudado en las calles por la Casa. Que se sienten usados como simples comparsas en el juego de tronos del Rey Guarito I, mientras las decisiones se toman en lo alto de la Corte sin escuchar a los plebeyos.
Y hay algo aún más doloroso, que retumba como campana de duelo en El Muñeco, las muertes que pudieron evitarse si la desidia y la soberbia del Rey del Guaro no fueran tan absurdas. Cada alma que partió sin cama ni remedio será la que reciba al monarca cuando tenga que subir a dar cuentas a la Virgen de los Ángeles. No habrá maquillajes que oculten esas miradas, ni alquimia que disuelva la culpa, esas almas bien pudieron seguir viviendo en la tierra, pero hoy se han convertido en la corte invisible que lo esperará en el umbral, con la furia serena de quienes murieron por abandono real.
Así, en El Muñeco, la lucha por la salud se ha convertido en teatro grotesco, bases molestas, felinos de consigna, un Rey que posa de benefactor, una alquimista disfrazada de jaguar y un pueblo que agoniza esperando lo que le corresponde por justicia divina y terrenal.
Vuestra siempre,
Lady Susurros
Glosario zapotónico
El Muñeco. Provincia de piedra y agua antigua, espejo severo donde se libra la contienda por el nosocomio.
Caja de las Almas Aseguradas. Cofre de la salud del Reino que guarda y cura las vidas del pueblo.
Casa del Pueblo Sometido. Casa política que ofrece su carroza al poder a cambio de favores cortesanos.
Churucos. Gente de El Muñeco, decentes en el decir y prudentes en la mesa, tenaces en la memoria.
Churuguares. Churucos que abrazaron el estandarte felino de la Corte para repetir su consigna.
Rey Guarito I. Monarca del guaro y del espejo propio, narcisista y mitómano según canta el vulgo.
Corte Real. Salones donde los cortesanos trenzan decisiones que bajan tarde y mal al pueblo.
Corte del Guaro. Ruedo íntimo del monarca donde se dictan favores y se olvidan cuentas.
Jaguares del sometimiento. Devotos que rugen por la Corte mientras callan ante el dolor plebeyo.
Virgen del Maquillaje. Dama que aspira a la corona y disimula con afeites lo que no puede justificar.
Blandy la alquimista. Señora de El Muñeco que transmutó de devota de los Pericos Loro a felina de la Corte por conveniencia.
Virgen de los Ángeles. Patrona de El Muñeco ante quien se rinden cuentas cuando la justicia terrenal se agota.
Nosocomio de El Muñeco. Casa de curaciones largamente prometida que el pueblo reclama sin tregua.
