Apuntes, rayones y manchas de mi vida

Por Lady Susurros, con abanico de ortiga y tinta de hiel

En el Reino de Costa Zafiro, donde las promesas del guaro se sirven en copas de oro falso, hubo una dama que creyó rozar la grandeza desde la silla de la Orden de las Amazonas. Cindela Tapete, fue nombrada por Guarito I como guardiana de las damas y sus destinos, pero en realidad se convirtió en alfombra de los caprichos palaciegos.

Entró con pompa, como quien despliega una toga que nunca tuvo. Se presentaba con verbo de abogada, mas apenas poseía los pergaminos de un colegio mayor. La ilusión bastó para engañar al vulgo un tiempo, hasta que las leyes del Reino recordaron que la charlatanería no otorga títulos, ni las palabras de salón sustituyen la preparación. El salario, menguado a monedas de plebeyo, no le alcanzaba ni para costear un abanico decente; mas la corte le suplió con viajes exóticos, viáticos dorados y pasajes de carruajes alados, pagados, claro, por las arcas del pueblo.

Pero lo más grave no fue la miseria de sus pergaminos, sino la demolición de los bastiones que defendían a las mujeres en apuros. Cindela desmanteló lo que funcionaba para erigir las famosas Zonas Rosadas Desteñidas, altares huecos donde se adoraba la ineficiencia. Convirtiose en arquitecta del retroceso, mientras las plebeyas quedaban desprotegidas ante las manos violentas que las acosan y asesinan.

Y cuando el fracaso ya no pudo maquillarse, la Corte del Guaro le prometió una salida digna: el primer estandarte en El Muñeco, a cambio de su renuncia. Mas los días pasaron y se enredaron en su propio lodazal de imposiciones desde la cúspide. A Cindela primero le dieron el primero, luego el segundo, luego el tercero… hasta dejarla sin ninguno. ¿Y acaso alguien cree que en El Muñeco, tierra verde por asuntos heredados más que por pastizales o sembradíos de patatas, podía ella aspirar a un trono parlamentario?

Lo más irónico es que ya había pagado los tributos en monedas de millones, exigidos a todo aspirante. Hoy finge en la prensa que fue ella quien decidió apartarse, cuando lo cierto es que la arrojaron como servilleta usada tras el banquete cortesano. La explicación no tardó en brotar: la Ura del Maquillaje no tolera intitulas; prefiere másters, doctorados, pergaminos dorados que su Tapete no tenía.

Como burla final, le ofrecieron un puesto de pegabanderas con el mismo estipendio raquítico de sus días de condesa, las cuatrocientas mil monedas que apenas alcanzan para un viaje de diligencias, pero no para un pergamino de estudios.

Y no, damas y caballeros, esto no es violencia política por género. Es justicia poética contra una figura que, por falta de preparación y por complacencia al machismo del trono, borró años de luchas y conquistas. Bajo su mandato no hubo avances contra el acoso ni el femicidio, solo sonrisas serviles a los desvaríos misóginos del Acosador Repatriado.

Que se sepa y no se olvide: Guarito I fue señalado por los tribunales de la Bóveda del Orbe por acoso, pero en el Reino de Costa Zafiro muchas amazonas callaron, agacharon la cabeza y dejaron pasar sus violencias, todas en nombre del poder y del acomodo cortesano.

Así, Cindela Tapete quedará en la memoria no como protectora de las Amazonas, sino como la condesa del retroceso, la que con flores violetas marchitas dejó desangrar al pueblo de mujeres que clamaban protección.

Vuestra siempre

Lady Susurros

Glosario zapotónico

Guarito I

El Acosador Repatriado, rey del guaro y de la misoginia palaciega

Cindela Tapete

La alfombra de la Corte, exguardiana de la Orden de las Amazonas, artífice del retroceso

Orden de las Amazonas

La Cámara destinada a la protección de las mujeres, convertida en circo vacío

Zonas Rosadas Desteñidas

Altares huecos creados por la Corte, centros malogrados que nunca protegieron a las mujeres

El Muñeco

Territorio de vocación verde, donde el pueblo recuerda las traiciones de la Corte

La Ura del Maquillaje

Dama que aspira a la corona, enemiga de las intitulas y adoradora de los títulos

Bóveda del Orbe

Tribunales que señalaron los abusos del monarca sin que el Reino escuchase.


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