Apuntes, rayones y manchas de mi vida

Me llegó una carta, mis leyentes, que no puedo callar. Vino en sobre arrugado, manchado de humedad, como si hubiese cruzado los pasillos más sombríos de las mazmorras. Su autor es un carcelero que me honra con su amistad y con su confianza. Él se hace llamar Sir Quí, el Señor de las Llaves. He aquí sus palabras:


Mi muy estimada y venerada Lady Susurros

Os escribo desde lo profundo de las mazmorras, donde la humedad se confunde con el aliento de los reos y los barrotes cantan su metálico lamento. Soy yo, quien entre sombras y llaves resuena, Sir Quí me llaman, pues Señor de las Llaves sería poca cosa en castellano, y en inglés, Sir Quí, suena a espada y misterio. Soy uno de los guardianes de las mazmorras.

Decidme, ¿cómo hacéis vos para conocer los secretos de estas catacumbas como si entre ellas vivieseis? Cada crónica vuestra parece escrita desde la misma celda, como si los fantasmas de los pasillos os dictasen al oído. Vuestro verbo traspasa las piedras y los cerrojos, y hasta los guardianes más rudos se detienen para leer vuestras letras.

Pero lo que os narro a continuación no lo sabéis, a no ser que seáis la médium que se desdobla y que se cuela por las noches y asusta a los reos.

Os confieso, mi Dama, que he sido testigo del cambio en Farenheit Metrópoli Constrictor, la Boa. Antes solía llorar al caer la noche, quejándose con vanidad de que el uniforme anaranjado no combinaba con su piel, que ese tono era vulgar, pasado de moda, indigno de un otrora Guardia Mayor del Reino y menos de un exmagistombo. Mas de pronto, de un día a otro, su semblante mudó. El llanto cesó y, cual reptil satisfecho, comenzó a sonreír.

Los rumores que se deslizan entre barrotes hablan de un cortesano visitante, de pacto secreto con la Corte y con la mismísima Casa del Guaro. El trato, según se susurra, es más intrincado de lo que parece: la Boa ha jurado no abrir jamás la boca sobre los narcorrapés que conoce, ni pronunciar palabra alguna del Rey, ni de Geraldo del Campo, ni de Stellar. Guardará su silencio eterno, y cerrará su boca para siempre con las visitas a Monte Urán, casa de descanso del Rey y recinto de reuniones secretas, donde las palabras se desvanecen como humo y donde los juramentos quedan sellados.

A cambio, el Rey debe cumplir con lo prometido: asegurar que la Boa no sea llevado al Reino Naranja del Norte, garantizarle una liberación disfrazada, un escape encubierto o, en el peor de los casos, una sentencia menor que le permita envejecer entre muros conocidos y no en tierras extranjeras. La Corte, mientras tanto, se esmera en levantar murallas de papeles, errores y dilaciones que entorpezcan la extradición. La Boa callará, pero a cambio exige su salvación, pues sin ella su silencio se rompería como jarro de barro en el empedrado.

Os digo, mi Dama, que no todo está escrito en piedra, y aunque los Sabuesos del Tribunal aún insisten en abrirle camino al extraditador, cada error “casual”, cada retraso bien plantado, parece obra de un trato oscuro ya sellado. Puede que la Boa y el Rey, con sus artes de engaño, se salgan con la suya. Negro Noche intenta cumplir con las leyes del Parlamento, pero a él no le obedecen los cerrojos de las mazmorras, que pertenecen a la Cámara de lo Justo y la Tranquilidad. Esa cámara no es de la Torre del Tribunal, sino de la Corte Real, gobernada por sus señores, el Conde Geraldo del Campo y el Vizconde Stellar, muy cuestionados por su amistad con la Boa. Negro Noche tiene un duro trabajo por cumplir. Y tampoco sabemos si el Rey del Imperio del Norte está interesado en lo que tenga que decir la Boa.

Mas si algo he aprendido leyendo vuestras crónicas es que las sombras, por más que se oculten, siempre terminan bailando bajo la luz de vuestra pluma.

Con respeto y fervor, vuestro más humilde admirador,
Sir Quí, el Señor de las Llaves.


Y ahora, mis amados lectores, permitidme descifrar lo que en esta carta se oculta. Si la Boa logra su cometido, si la Corte Real le concede ese pacto de silencio y dilaciones, Costa Zafiro se verá condenado a una noche perpetua. Porque no será solo un reo el que quede impune, serán las fauces de los vendedores de rapé, los mercaderes de la muerte blanca, quienes encontrarán en este precedente su mejor arma.

Si la Boa no cruza los cielos hacia el Reino Naranja del Norte, entonces los vendedores del polvo seguirán campando a sus anchas, extorsionando a plebeyos y nobles con la misma sevicia, asesinando a quienes se atrevan a interponerse, comprando cortesanos, corrompiendo jueces y dictando leyes desde las sombras.

La carta de Sir Quí es advertencia y presagio. Nos dice que el Reino entero pende de un hilo, y que si ese hilo se rompe, los candelabros de la esperanza se apagarán uno a uno. Porque lo que está en juego no es solo la suerte de un reo engreído, sino el destino de un pueblo que se desangra mientras los mercaderes de la muerte se enriquecen.

Vuestra siempre,
Lady Susurros

Y prestad atención, que en cualquier momento sale reptando la Boa.


Glosario zapotónico

Lady Susurros → Cronista incómoda del Reino, voz satírica contra el poder

Sir Quí, el Señor de las Llaves → Carcelero admirador de Lady Susurros, guardián de las mazmorras

Farenheit Metrópoli Constrictor, la Boa → Otrora Guardia Mayor del Reino, hoy reo que busca evitar extradición

Casa del Guaro → La Corte Real bajo el mando del Rey Guarito I

Rey Guarito I → Monarca narcisista y corrupto de Costa Zafiro

Narcorrapés → Vendedores del polvo blanco, mercaderes del crimen

Monte Urán → Casa de descanso del Rey y lugar de reuniones secretas

Reino Naranja del Norte → Imperio extranjero que exige la extradición

Sabuesos del Tribunal → Orden Inmaculada Judicial, encargados de investigaciones

Negro Noche → Fiscal del Reino, El Sabueso Mayor

Cámara de lo Justo y la Tranquilidad → Institución de la Corte Real, gobernada por el Conde Geraldo del Campo y el Vizconde Stellar, ambos cuestionados por su amistad con la Boa

Geraldo del Campo → Conde de la Cámara de lo Justo y la Tranquilidad, cercano a la Boa

Stellar → Vizconde de la Cámara de lo Justo y la Tranquilidad, cuestionado por sus lazos con la Boa

Costa Zafiro → El Reino donde transcurre esta crónica.


Descubre más desde Bitácora de Stella

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Posted in