
Mis queridos y queridas leyentes de la sátira, hoy no me alcanza el abanico para aplacar el bochorno ni el azoro. Esta crónica será breve, pero no por falta de sustancia, sino porque quien esto escribe ha quedado turulata tras las revelaciones de Sir Geo del Muñeco, caballero discreto, observador como lechuza en cúpula de convento.
Pero antes de su confidencia, permitidme un relámpago de memoria. ¿Recordáis aquel célebre capítulo de En la Corte también toman, novela no publicada por miedo a la Inquisición de los Devotos del Guaro? Aquel episodio donde Sir Cristo de Bulgaria, el cronista bufón que escribía con paga dorada, almorzaba plácidamente en una fonda de pasta fina, sí, esa donde yo misma me deleito cada cierto tiempo, pues sus damas de servicio son como marquesas del aceite de oliva, y sus caballeros, próceres de los quesos finos. Pues bien, ahí fue que irrumpió el Rey Guarito I, acompañado de su Corneta Pillina I y una jauría de pajes y escuderos armados hasta los dientes con ego y despotismo.
El Rey, embriagado de poder y quizás de otras pócimas más líquidas, le espetó al otrora editor de pergaminos en movimiento un reto de espadachines por una vieja querella sobre los fondos de la Bóveda del Oro Centroamericano. Aquella escena quedó en los anales del ridículo, y no por falta de testigos, sino porque hasta los espejos se negaron a reflejarla.
Ahora bien, pasemos a lo que me erizó la nuca esta misma noche. En confidencia entre sorbo y sorbo de infusión de hierbas, Sir Geo del Muñeco, agrimensor de los secretos que se convierten en números, me confesó que frecuenta una fonda en las faldas del Palacio de Descanso del Monarca. Una humilde taberna aledaña a la embajada gala de la educación, donde se sirven viandas sin tributo ceremonial.
Y he aquí el escándalo: el mismísimo Rey Guarito I ha sido visto en dicho lugar. No una, ni dos, sino varias veces. Llegando solo, sin pajes, sin escoltas, sin cochero, sin fanfarria. ¿Quién conduce el carruaje? Pues él mismo, me asegura Sir Geo. Como si fuera un mozo del establo, se aparece tambaleante, con el aliento encendido por bebidas espirituosas, pidiendo más. Y el tabernero, alma valiente del Reino, lo ha echado a escobazos. No una, ni dos, sino varias veces también. Porque Su Desgracia Real insiste en volver, como mosca al néctar del desprestigio.
Curiosamente, al mediodía, ahí sí, el Rey abandona su palacio con la teatralidad de una ópera de cuarta. Un desfile de estandartes, trompetas y aduladores que obstruye los caminos del vulgo acaudalado cuando se enrrumba a sus negocios. Qué majestad más molesta. Los carruajes de los plebeyos con plata deben detenerse, para que el Soberano de las Sombras pase, como si llevase oro en la corona y no licor en las venas.
No me corresponde a mí diagnosticar, pero si ha de pedirse elixires a los cielos, que no sea más guaro, sino cordura plebeya, para que no regrese al trono el acosador de niñas. Quizás algún clérigo lo vea pasar haciendo el ridículo una vez más, pidiendo redención en sorbos, y lo absuelva a cambio de que huya a donde no cause tanto daño.
El hígado de este Rey no gobierna el cuerpo, pero sí el Reino. Y eso, queridas y queridos míos, es más trágico que cómico. Aunque esta dama, fiel a su vocación, se permite reír entre lágrimas.
Vuestra siempre
Lady Susurros
Nos vemos en la Torre Gala, quizás veamos uno de los capítulos de la novela de este desastre cortesano.
Glosario zapotónico de esta crónica
Rey Guarito I
Monarca mitómano y alcohólico del Reino de Costa Zafiro, también conocido como el Acosador Repatriado
Corneta Pillina I
Parlamentaria oficialista y vocera personal del Rey
Sir Geo del Muñeco
Informante noble y sabueso de secretos, oriundo del condado llamado El Muñeco
Sir Cristo de Bulgaria
Bufón editorial retirado, cronista incómodo de los pergaminos en movimiento, en la Corte le pagaban con monedas de la Bóveda del Oro Centroamericano, amante del queso fino, la sátira y el enfrentamiento público con el Rey Guarito I. Protagonista recurrente en novelas no publicadas como En la Corte también toman
Zapotón
Capital simbólica del Reino, centro de la Corte Real
Palacio de Descanso del Monarca
Refugio personal del Rey en tierras altas, cercano a la erudición extranjera y las fondas plebeyas
Embajada gala de la educación
Sede del saber afrancesado, lugar simbólico de conocimiento foráneo
Bóveda del Oro Centroamericano
Entidad financiera de préstamos dorados
Devotos del Guaro
Fanáticos del Rey Guarito I, leales sin raciocinio
Pergaminos en movimiento
Noticias y medios digitales no oficialistas
Torre de los Suspiros
Parlamento del Reino de Costa Zafiro
Tabernero
Comerciante de bebidas y valentía, figura anónima que expulsó al Rey en más de una ocasión
