
Esta crónica surge con las brasas encendidas por dos Damas del Coraje: Nia y Lía, compañeras de la palabra ardiente, defensoras de la infancia, tejedoras de indignación lúcida. Que sus voces resuenen en cada rincón del Reino, porque en esta historia, lo indecible ha sido dicho y lo inaceptable, aplaudido.
Había una vez un cuento para asustar a las niñas y los niños. El hombre de la bolsa. Aquel espectro que acechaba a los más pequeños para llevárselos si desobedecían. Pero aquí no hubo desobediencia. Hubo presencia. Una niña con su vestido típico, celebrando la tierra que heredó. Una adolescente que la acompañaba. Y un hombre. No uno cualquiera. El Rey del Guaro. El monarca del atropello.
Regáladmela y os la devuelvo cuando se gradúe de la torre de la sabiduría.
Eso dijo, agachado a la altura de la niña. Con la sonrisa torcida de quien cree que el poder le autoriza el deseo. En el aniversario de la anexión de la Pampa, bajo el aplauso de su corte, entre los murmullos complacientes de quienes olvidan que las niñas no se prestan, no se transan, no se ofrecen como presentes de feria ni como piezas decorativas para el ego patriarcal.
No, mis leyentes, no fue un chiste. Fue una declaración. Y no de afecto, sino de propiedad. Fue el eco de siglos de abuso escondido en carcajadas. Fue una escena que revivió en muchas de nosotras los escalofríos de la infancia, los ojos que se alargaban más de la cuenta, las frases cargadas de veneno, los adultos que pedían favores disfrazados de ternura. El Rey pidió una niña. Y nadie lo detuvo.
Lo que sigue, sin embargo, es aún más grave. El silencio. El silencio de las cortesanas, de las ministras mudas, de las defensoras de papel. En especial el silencio de quien debía hablar más fuerte: la Ministra del Estado de las Damas. Esa figura espectral que se pasea por la Corte como una sombra, que se dice aliada de las mujeres pero sirve de tapiz al abuso. La aliada del machismo institucional. La flor de plástico del patriarcado.
¿Dónde está su pronunciamiento? ¿Dónde su furia? ¿Dónde su condena? Acaso también cree, como su jefe, que las niñas pueden regalarse si el Rey lo solicita con suficiente descaro.
Pero no en nombre de todas. Porque las niñas son personas, no adornos. No son fichas para juegos de poder ni recipientes para deseos viejos. Tienen derecho al respeto, al espacio propio, al futuro sin miedo. Y cuando un adulto con historia de acoso sexual osa pedir que se le entregue una niña, la única respuesta posible es la denuncia.
No hay confusión. No hay interpretación maliciosa. Hay un patrón. Y ya es hora de romperlo.
En Costa Zafiro, las relaciones impropias son delito. En Costa Zafiro, no se piden niñas. En Costa Zafiro, no se ríe una frase que huele a podredumbre.
El Rey habló. La niña corrió. Lady Susurros os lo narra. Y las Damas del Coraje alzaron la voz. Y aquí estamos todas, de pie, con antorchas y palabras afiladas. Y que no nos busque porque en un tris nos convertimos en multitud furiosa defendiendo a nuestras crías.
Porque un orbe más justo no se construye desde la complicidad, sino desde la rebeldía.
Vuestra siempre, con la tea encendida
Lady Susurros
Glosario zapotónico
Rey Guarito I, el Acosador Repatriado: monarca de Costa Zafiro, reincidente en gestos y frases que cosifican a mujeres y niñas. Su historia incluye denuncias internacionales por acoso sexual.
Damas del Coraje, Nia y Lía: voces valientes del Reino, aliadas de la infancia y defensoras de la justicia, inspiradoras de esta crónica y guardianas de la dignidad.
Ministra del Estado de las Damas: líder ausente de la Orden de las Amazonas, cuya misión debía ser la defensa de mujeres y niñas, pero cuyo silencio la ha convertido en escudera del Rey.
Orden de las Amazonas: institución que debería velar por los derechos de las mujeres del Reino, pero que ha perdido su voz bajo la sombra del poder. Aclarar que no contra las damas del coraje que hacen su jornal diario con mucha dedicación.
Relaciones impropias: vínculos ilegales entre adultos y menores de edad, especialmente cuando existe una diferencia de edad significativa o relación de poder.
Guaristas: secta de seguidores incondicionales del Rey, expertos en justificar lo injustificable.
