Apuntes, rayones y manchas de mi vida

Por Lady Susurros, con la pluma afilada como bisturí de esteticista de condominio cortesano y el estómago revuelto de tanto perfume de hipocresía electoral.

En los últimos días del mes de julio del año MMXXV, cuando la bruma del aliento del Rey se disfraza de hombría, la miseria en la Pampa le aplaude, el Rey Guarito I, el Acosador Repatriado, monarca del guaro y del grito, alzó la voz desde el templete como si reinara algo más que sus delirios. Con la copa escondida pero el aliento encendido, exclamó ante los plebeyos de la tierra seca:

“Por la meretriz excelsa de los infiernos, dejadme obrar en santa paz”

Y he aquí la tragedia: la plebe aplaudió, casi orgásmicamente, esos orgasmos que se niegan o se disfrazan entre machos. Como si hubiera prometido moradas dignas o una vejez sin sobresaltos. Como si la vulgaridad fuera sustituto de la decencia y del valor. Como si hablar con el hígado fuera prueba de honestidad.

Mas no, mis leyentes. Un soberano puede ser fervoroso, sí, pero jamás zafio. No se exige de él compostura de cartón ni beatería de sacristía, sino decencia de alma y temple de estadista. Porque cuando la investidura se rebaja al exabrupto y el discurso se convierte en taberna, lo que se embriaga no es el cuerpo: es el Reino.

Y así como llegó, se va: embriagado. Con el verbo inflamado y la dignidad arrastrada por los charcos de las tarimas provincianas, claro, donde sí le aplauden.

Esta dama no sabe cuándo renunciará, pero al parecer sí lo hará, se anda despidiendo y buscando apoyos para que Negro Noche y Ráñiga no lo sorprendan de madrugada. Buscará la inmunidad de una curul por Ciudad Obrera.

No se abdica: se atrinchera.

Pero no es el único. El carruaje de los desertores del deber se ha llenado hasta el techo. Hoy, en los pergaminos del Tambor de la Corte, se publicó la lista de quienes abandonarán sus cargos ministeriales no por principios, sino por fuero. Porque las denuncias y las gestiones fallidas no se enfrentan: se esconden en el Parlamento de los Suspiros, ese mausoleo del expediente olvidado.

Estos son los aspirantes al blindaje con cargo:

Vomitivo Amargo, Cámara del Cofre, recaudador inclemente, el Conde de la Tijera

Gerald del Monte, Cámara de lo Justo y lo Tranquilo, Regentes de las Mazmorras del Reino, el que aún no logra distinguir justicia de castigo

Guario Zarza Mora, Guardia Mayor de la Corte, Guardián de la inseguridad, mentiroso de los pergaminos

Don Arnoldo del Exterior, Cámara de los Saludos Internacionales, diplomático de cartón y silencio

Cinderela Tapete, Orden de las Amazonas, extraviada en la Corte, mientras las matronas del coraje le reclaman su desdén

Lady Bogantina, Cámara de los Pergaminos Oficiales, dama de los cables cruzados y el comunicado tardío

María Salute, Vicecorona y Cámara del Remedio, la que no soluciona nada, y ministra malvada

Todos quieren su curul como quien busca un paraguas en plena tormenta judicial.

Pero la escena más grotesca de la semana no la dio el Rey, sino su profetisa elegida: La Ura de la Risita, ahora rebautizada como precandidata del Maquillismo, corriente sucesora del guarismo original. Sacó a luz su primer retrato oficial, pero usó tantos filtros que ni los espejos mágicos de la Corte logran reconocerla. Con facciones nuevas, pómulos de otra mujer y maquillaje de carnaval báltico, se presenta como futura rey, cargo que por honor a su género debería escribirse reina.

Cuando los plebeyos vean la papeleta, no sabrán por quién están votando. Y no por ignorancia, sino porque el rostro real ha sido desterrado por el artificio. Bueno, puede también ser por ignorancia.

¿Cuánta dignidad ha de perderse para obtener un voto? ¿Cuánta identidad ha de maquillarse para complacer a los algoritmos del algoritmo?

Los súbditos del Rey del Guaro ya no quieren que les llamemos guaristas, hoy reniegan del nombre que los parió, en homenaje, dicen, a su Rey que se llama Podrigo piden ahora ser llamados podridistas, para borrar las huellas del guarismo decadente: su vínculo con el narcorapé, con el insulto, con el ridículo.

Pero, ¿de qué sirve cambiar de nombre cuando el hedor permanece?

Y al fondo, en la penumbra de la Corte, crece un enojo que huele a fuego. La Corneta Pillina I, Dama de la Lengua Veloz, arde en silencio cortesano al ver cómo el Maquillismo se apodera del legado con la bendición del Guaro. Le impusieron a la Casa Pueblo Sometido como nueva carroza, y ahora teme que La Ura de la Risita le robe no solo la sucesión, sino el foco del espectáculo.

Y casi se me olvidaba, ¿han notado cómo La Ura de la Risita ya no se ríe tanto? Es porque su entrenador de cortesanas le dijo que tenía que aparentar ser como Guarito, fuerte, muy macha, creo que no entendió bien. Sí, se ríe mucho menos, pero su cabellera ahora es muy macha.

Este es el reino que nos dejan: un Rey embriagado siempre, que grita groserías como si fueran leyes, una dama que maquilla su alma y su rostro, demasiado, y siete jerarcas que se escapan por el fuero como ratas en el naufragio.

Vuestra, aunque no me leáis

Lady Susurros

A la plebe coqueta:

De los rostros pintados y lo que ocultan.

Maquillarse es arte. Es juego, es ritual, es espejo domado.

Sea dama o caballero quien se embadurne de color y destello, que lo haga por goce, por estilo o por hechizo. Que se pinte quien quiera, y bien visto será.

Pero maquillarse para disfrazar la dignidad, para encubrir el alma vendida o el pensamiento alquilado… eso no embellece: eso marchita la confianza.

Porque hay rostros tan perfectamente esculpidos…

que ya no dicen nada.

Glosario zapotónico de esta crónica

Podrigo de Alba, Rey Guarito I, el Acosador Repatriado: monarca vulgar, misógino, populista y embriagado de poder y guaro.

Vomitivo Amargo: Conde de la Tijera, recaudador despiadado desde la Cámara del Cofre, administra el tributo con saña y frialdad.

Gerald del Monte: regente de la Cámara de lo Justo y lo Tranquilo, confundido entre castigo y justicia, guardián de las Mazmorras.

Guario Zarza Mora: Guardia Mayor de la Corte, custodio de la inseguridad y vocero de excusas y cifras nebulosas.

Don Arnoldo del Exterior: embajador del silencio, encargado de la Cámara de los Saludos Internacionales, figura ornamental de la diplomacia.

Cinderela Tapete: integrante ausente de la Orden de las Amazonas, sorda al clamor de las Matronas del Coraje.

Lady Bogantina: señora de los pergaminos digitales, ministra de cables cruzados y respuestas tardías.

María Salute: vicecorona del Reino y ministra del remedio que no sana, figura decorativa en tiempos de calamidad.

La Ura de la Risita: precandidata del Maquillismo, señora de los filtros, del rostro alterado y del silencio estratégico; rival directa de Pillina.

La Corneta Pillina I: eco ruidoso de la Corte del Guaro, dama de lengua afilada y celosa del poder que le escapa.

Maquillismo: nueva doctrina de sucesión del Guarismo, basada en la imagen editada y la propaganda de rostro pulido.

Podridistas: renombrados Guaristas que buscan esconder el hedor del pasado tras un nombre cosmético.

Ciudad Obrera: capital del Reino.

Caja de las Almas Aseguradas: institución pública encargada de la salud, sumida en listas de espera y abandono.

Parlamento de los Suspiros: cámara de promesas, gritos y blindajes, donde las verdades se adormecen.

Curul: asiento en el Parlamento, codiciado refugio de la impunidad.

Fuero: escudo protector contra investigaciones y condenas; meta de los escapistas del Guaro.

Guarismo: régimen político basado en el espectáculo, la amenaza, la mentira y la intoxicación.

Tapis: estado de ebriedad propio del Rey y su entorno.


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