
Por Lady Susurros
En los corredores virtuales de la Casa del Pueblo Sometido, esa corte de papel que sirve de refugio a devotos que se creen nuevos cortesanos y bufones reciclados, se fragua un drama que ni los escribas del Altar de la Plebe Desoída podrían haber profetizado. El Reino de Costa Zafiro observa, entre carcajadas y escalofríos, cómo la gran secta del guarismo se desmorona en sus propios espejos, cada vez más agrietados.
Al mando del caos, como si fueran los regentes de una finca arrendada al capricho, se encuentran La Yuli Mortega y Carlóf el del Peluquín. Ella, dama del verbo monocorde y la mirada severa; él, caballero de sonrisa tensa y bisoñé traicionero. Juntos son los verdaderos dueños de la Casa del Pueblo Sometido, esa construcción de papel pintado con frases del pasado y obediencia del presente.
En los salones digitales de Guasapelandia, donde antes volaban las opiniones como palomas de la plaza, hoy reina el silencio más triste. Allí solo estas dos figuras pueden alzar la voz, mientras los delegados deben observar sin chistar. Ni siquiera se les permite asentir. Como dijo un desertor: “este partido no es para pensar, es para seguir y callar”. Quien no obedece, termina expulsado al grupo donde solo se repiten sermones viejos y órdenes disfrazadas de consejo.
Pero el escándalo más jugoso no está en el silencio, sino en la fractura. Porque Pillina I, Corneta de la Corte, ha vetado a Carlóf, lo considera una mancha indeseable, un personaje que no debe rozar los corredores del Parlamento de los Suspiros ni la Corte Real. “Ese sujeto no me lo acerquen, que su historial lo precede”, dicen que susurró un día, mientras afilaba su lengua y se empolvaba su larga nariz.
Carlóf no logra tapar las calvas de su pasado con los peluquines de crin de corcel barato que luce en cada aparición. Se rumorea que los manda a confeccionar en algún taller regentado por un enemigo, pues cuando el clima está muy húmedo en Zapotón, esas alfombras capilares se enroscan como cola de chancho mojado, dejando al descubierto no solo su testa brillante, sino también las grietas de su vanidad. Y aún así, sigue en el trono menor que comparte con La Yuli, dictando sentencias desde el Guasapelandia y amasando sus propias listas de candidatos al Parlamento.
La estrategia de la Casa es clara: primero irán de candidatos a los sillones los ministros y ministras que renunciarán en los próximos días, esos que ya sueñan con más inmunidad y menos preguntas. Luego, si aún queda espacio, vendrán los troles y ogros más fieles y menos brutos. Porque se sabe que hay algunos y algunas que no tienen el tiquete de entrada. La Rizada, conocida como la Fanática del Título, por ejemplo, no la quieren tan visible, pues su histrionismo de feria no gusta ni a los nobles con oro ni a los devotos que creen tener dignidad.
Y mientras el partido del silencio se organiza para maquillar su descomposición, el Rey Guarito I observa desde su trono tambaleante, con una copa en una mano y un esmullo en la otra, buscando en su séquito a quién traicionar primero. Porque en Zapotón, el que ríe último, no ríe: se le cae el peluquín.
Glosario zapotónico de la Crónica 67
La Yuli Mortega: La Mensajera Oscura del Reino, dama del control, del discurso vertical y del silencio estratégico; socia de Carlóf en el dominio de la Casa del Pueblo Sometido.
Carlóf, el del Peluquín: Figura de la Corte Sometida, señalado por sus vanidades capilares, su cercanía incómoda con mozalbetes y su poder compartido con La Yuli sobre el partido.
Casa del Pueblo Sometido: Secta política nacida del guarismo, manejada por La Yuli y Carlóf como propiedad privada, donde la obediencia es más importante que la convicción.
Guasapelandia: Red virtual cerrada donde solo los jerarcas de la Casa pueden hablar; los demás deben limitarse a obedecer en silencio.
Pillina I, Corneta de la Corte: Figura de verbo filoso, antes aliada del poder, ahora enemiga declarada de Carlóf por razones de reputación y estrategia.
La Rizada, Fanática del Título: Acólita rechazada de la Corte, conocida por su teatralidad excesiva, vedada de la lista de visibles por su histrionismo incómodo.
Rey Guarito I: Monarca del Reino de Costa Zafiro, jefe máximo del guarismo, experto en evasión, decretos y selecciones arbitrarias.
Corte Real del Guaro: Gobierno central del Reino bajo el mando de Guarito I, sostenido por propaganda, decretos y bufones del algoritmo.
Parlamento de los Suspiros: Asamblea del Reino, escenario de componendas, promesas rotas y coronaciones menores.
Troles y ogros del régimen: Soldados digitales al servicio de la Corte, seleccionados por su obediencia, capacidad de ataque y falta de reflexión.
Esmullo: Artilugio moderno donde se reproducen los pergaminos en movimiento y sirve para la comunicación veloz entre plebeyos y nobles.
Altar de la Plebe Desoída: Instancia simbólica desde donde se elevan las súplicas del pueblo sin que sean atendidas por la Corte.
Instalanda: Territorio digital del Reino donde se exhiben vidas ficticias, filtros de honor y propaganda de la Corte.
Cañón maldito: Fractura irreconciliable entre facciones del guarismo, grieta sin fondo entre poder y descontento.
