
Por Lady Susurros, con tinta de tiza vieja y el alma cosida con retazos de libros escolares perdidos en alguna bodega de la Corte del Guaro.
Hubo un tiempo, no tan lejano, en que el Reino de Costa Zafiro no presumía de grandeza, pero sí de decencia. Un tiempo en que la palabra “profe” o «niña» se pronunciaban con ternura, casi como quien dice “mamá” con reverencia. Los maestros y maestras eran los alquimistas del saber, sabían de historia, de galaxias, de gramática y de silencio, caminaban con libros bajo el brazo y dignidad en la mirada. En aquellos días, si uno decía que era docente, el pueblo se cuadraba como ante un tambor de independencia.
Hoy, en cambio, Lady Susurros observa cómo los candelabros del Reino iluminan artilugios tecnológicos que piensan más que sus ministros, y amplificadores de voz que amplifican más la risa de un bufón del algoritmo que la voz de una educadora con aulas de 35 aprendices del saber y dos trabajos. No es que hayan dejado de ser sabias y sabios, ¡no! Es que no tienen tiempo para leer, para investigar, para cuidar a sus aprendices del saber. Tienen que sobrevivir en un sistema que les paga menos que a un influencer que baila en Tictolandia con filtros de orejas de mapache.
Los recortes han llegado con sombrero y látigo. La Corte del Guaro, liderada por Guarito I, el Acosador Repatriado, y su Corneta Pillina han declarado al arte, al pensamiento y a la pedagogía como enemigos del progreso. La Cámara del Cofre no aprueba fondos para libros, pero sí para cámaras con iris de cíclope que vigilan al vulgo como si las aulas fueran cuevas de conspiradores. ¿Y los aprendices del saber? Aprenden a temer más al algoritmo que a fallar en ortografía.
Antes, las maestras corregían con pluma de tinta roja, bajo una linda tarde con un té al lado y paciencia infinita. Hoy corrigen mientras esperan la carroza para la plebe, mientras hacen copias de su tiempo y de su jornal, mientras amamantan, mientras lloran por una compañera que renunció o falleció en espera de su turno en las listas de la Caja de las Almas Aseguradas. El aula ha perdido su ser, y la han reemplazado con presentaciones descargadas del Reino Naranja del Norte, traducidas a golpes y sin corazón.
No fue siempre así. En los días de la comunicación con alma y los libros de la Torre de Marfil Rebelde, se discutía en los recreos sobre poesía y política. Ahora, se opina en las Redes del Vulgo con rabia prestada y máscara de malandrín. Lo que antes fue diálogo, hoy es dardo. Lo que antes fue pregunta, hoy es meme. Y el pueblo, fatigado de pensar, se refugia en la burla.
¡Oh Costa Zafiro! ¿Dónde quedó tu espíritu amable? Aquel que no era ingenuo, pero sí esperanzado. ¿Dónde quedó aquella vida tranquila del “pura vida”, ese dicho que en lengua zapotónica antigua podría sonar como tranquillitas naturae, y que el vulgo repetía como bendición tropical? Hoy en cambio las redes del vulgo son el lugar de encuentro de los orcos y los troles del reino, los que dicen a quién atacar y cuál mentira distribuir entre los menos favorecidos, los bufones del Rey, hoy son los cortesanos mejor vistos, los que la niñez y las mozuelas y los mozuelos quieren imitar.
Lady Susurros camina por el Reino y escucha los ecos de viejas costumbres: el gallito a la vecina amiga, el gallito al enfermo del barrio, la ayuda sin retribución a quien necesite un empujón del carruaje en el barro, el saludar por las mañanas o cuando se entra a un estanco.
Pero ya nadie hace esas cosas. Ahora se repiten frases de la Corte como si fueran salmos: «prensa canalla, tic tac, cremita de rosas, el mejor rey».
Y nadie, cuando los cronistas les interrogan en los pergaminos en movimiento, puede hilar una idea, solo repiten, como loros adictos al algoritmo, palabras huecas, no hay pruebas, no hay lógica, no hay verdad. Solo queda la reverberación del eco guarista.
En tiempos pasados, el Reino se diferenciaba del resto del istmo como una luciérnaga en noche cerrada. Sin ejército, con voto, con Caja y con respeto. Hoy, el ejército invisible es el de los troles del Castillo Real. La Caja es un castillo de naipes, el voto una moneda sucia, el respeto… un recuerdo.
Y sin embargo, Lady Susurros no pierde la fe. Porque en algún rincón de este Reino aún hay maestras que escriben versos en las libretas de sus aprendices del saber. Aún hay jóvenes que leen a las sombras, a escondidas del algoritmo. Aún hay abuelas que enseñan con cantos y abuelos que lloran porque no pueden más.
No, no es que los tiempos pasados fueron mejores. Es que los tiempos cambian, y hay que cambiarlos para todas y todos. No para que un bufón tenga diez veces más monedas doradas que una pedagoga. No para que la pobreza se esconda tras encuestas falsas. No es para que el Rey y el ministro de la Cámara de la Guarda Real finjan no enterarse de que por Costa Zafiro transitan por todas sus fronteras, por todos sus puertos, alijos de rapé en cantidades asombrosas, hacia reinos decadentes. No para que el Rey se ría de quienes lo critican, mientras se cae a pedazos.
Este ya no es un Reino amable. Es un Reino caro, burlón, cruel con sus sabias y sabios, generoso con sus cortesanos patanes. Pero, ay, también es el Reino donde puede nacer algo nuevo. Quizá en la próxima aula. Quizá en el siguiente verso. Quizá en una crónica. O quizás en una nueva forma de lectura desde los pergaminos viajeros.
Y mientras tanto, sigo escribiendo para vosotros, amadas y amados leyentes. Aunque la tinta escasee y la tiza se parta, hay palabras que todavía hacen temblar al trono, y si las usamos bien, con una buena pluma, y tinta del tintero de Doña Pancha, de Don Juanito, de Juancito el Tambor, de Carmen Coneja Roja, con esa tinta tan roja como sus espíritus indomables, quizás entre todas y todos, vosotras y vosotros, plebeyas y plebeyos con conciencia cívica, quizás escribamos, con pulso firme y verbo encendido, la nueva crónica de un Reino más justo.
Vuestra, hoy melancólica,
Lady Susurros
GLOSARIO ZAPOTÓNICO · CRÓNICA 64
Costa ZafiroNombre del Reino en el que transcurren las crónicas. Una tierra antaño respetada por su civismo y saber, hoy presa del Guarismo, el recorte y la chabacanería oficial.
Reino Naranja del NorteImperio extranjero cuyos designios llegan como órdenes disfrazadas de progreso. Para allí va el rapé.
Guarito I, el Acosador RepatriadoMonarca actual del Reino. Gobernante bufonesco, misógino, mitómano, autoadulado. Se alimenta del aplauso. Vive rodeado de troles, pantallas y aduladores sin memoria.
La Corneta PillinaDama de lengua incansable y discurso monocorde. Eco de los delirios del Trono, protectora del Rey y látigo de las voces disidentes.
Corte del GuaroCentro del poder ejecutivo. Corte que no ejecuta sino que burla, que no gobierna sino que se ríe. Lugar donde el recorte es dogma y la propaganda, liturgia.
Cámara del CofreConsejo donde se administra el tesoro del Reino. Justifican tijeras mientras financian artilugios. Con rostro de tecnócratas, pero manos de saqueadores sutiles.
Caja de las Almas AseguradasInstitución de salud del Reino. Antes orgullo, hoy laberinto. Allí van a enfermar quienes entraron a curarse, por el impago de la Corte a sus arcas.
Redes del VulgoLugar donde el pueblo ya no conversa sino que grita, donde el pensamiento sucumbe ante la velocidad del meme. Espacio de troles, fanáticos y bufones conectados.
TictolandiaAldea brillante y ruidosa donde los bufones del Reino se exhiben danzando. Territorio del chisme, la oreja de mapache y el filtro del olvido.
Bufón del algoritmoPersonaje pagado por la Corte para distraer, burlarse, repetir y engañar. Más celebrados que los sabios, más ricos que los docentes, más peligrosos que un decreto sin debate.
Aprendices del saberHijas e hijos del Reino. Aquellos que deberían ser nutridos con libros, ternura y tiempo. Hoy solo reciben ruido, hambre y docentes cansadas y cansados.
Carroza para la plebeVehículo de transporte de maestras, jornaleros y oficinistas. Tiembla, tarda y a veces no llega.
RapéVeneno blanco que viaja por mar, aire y tierra, protegido por omisiones y silencios. No se menciona, pero se trafica. No se combate, pero se teme.
Troles del Castillo RealBestias digitales que atacan, insultan y escupen estiércol binario desde las mazmorras de la Corte. Alimentan la confusión y castigan al pensamiento.
Mozuelas y mozuelosJovénes del Reino. Imitadores de modas, víctimas del olvido y promesas sin cumplir.
Torre de Marfil RebeldeAntigua fortaleza del saber crítico. Hoy asediada por quienes quieren silenciarla y vaciarla de fondos y futuro.
Cámara de la Guarda RealConsejo de vigilancia. Guarda sin ver, custodia sin actuar. Leal al Trono, no al pueblo.
Cortesanos patanesAduladores del Rey, ignorantes con cargo, bufones con título. Prefieren la burla al servicio y el grito al argumento.
Pergaminos en movimientoLos Vasayos: Dispositivos parlantes donde circula el chisme digital, las órdenes del Trono y las repeticiones de los devotos. Confunden el saber con el escándalo. Pero también los hay de buen ver, veraces, incorruptibles, los que el Rey bautizó como canallas.
Plebeyas y plebeyos con conciencia cívicaÚltimos custodios del fuego. No aplauden, no temen, no callan. Resisten con la palabra y el recuerdo.
Carmen Coneja Roja, Doña Pancha, Don Juanito, Juancito el Tambor. Espíritus del pueblo sabio. Nombres símbolo de la resistencia doméstica, la pedagogía viva, la memoria rebelde y el canto popular.
