Apuntes, rayones y manchas de mi vida

En el decimocuarto día del mes séptimo del año MMXXV, mientras los pueblos del mundo rememoraban aquel glorioso momento en que la Bastilla cayó como torre de ego podrido y María Antonieta perdía la testa por no entender al pueblo, en el Reino de Costa Zafiro se escuchó otro crujido: no de guillotina, sino de silla mal arrimada. Fue la silla de Pilar, la Corneta Pillina, que al enterarse por El Clarín Presidencial, ese medio múltiple que más que de noticias parece de propaganda de la Corte, descubrió que una de sus damas cortesanas le desobedecía en la carrera por la corona, cayó de espaldas del susto y la rabia.

La Ura de la Risita, antigua mensajera del Rey Guarito, no pidió permiso, no tocó trompeta ni encendió candelabros. Simplemente lo dijo: “presentaré mi nombre para la corona”. Así, sin sombrero, sin firma de su majestad la Corneta, sin subir tarima ni besar manos. Un hachazo político en plena fiesta de la guillotina. Vamos a esperar a ver si a La Ura de la Risita le cortan la cabeza o si la Corneta Pillina pierde la suya del colerón.

¡Ohhh, ironías del calendario! Justo un 14 de julio. Un día de cabezas rodantes, de reinas desplumadas, de «que coman pastel» convertido en «que voten por mí». La coincidencia no es menor. María Antonieta cayó por altanera; Laura, en cambio, sube por atrevida.

Pillina no durmió esa noche. Las ojeras, largas como la lista de espera de la Caja de las Almas Aseguradas, dan fe del insomnio y del colerón. ¡Cómo osa esa dama proclamarse sin la venia de la Corneta! ¿Qué sigue, que Lupus el Villano se le postule por las Redes del Vulgo? ¿Que la Yuli Mortega anuncie su vicecandidatura desde un parque con payasos?

Y como si no bastara con la irreverencia, el cronista Caguez, el deshijado errante, ese juglar que lanza sus verdades personales como piedras, dijo que Laura, además de desobediente, tendría vínculos con la mafia de las sustancias blancas. Narcotráfico, ese apellido tan común ya en la Corte del Guaro.

Pero, ¿acaso sorprende? Si hasta Farenheit, el exmagistombo, ahora apresado por la Orden de los Cazadores del Norte, tiene una historia de narcoamistades más larga que la cola de un tour chavista. Dicen que sus vínculos vienen desde antes de usar toga, cuando era viceministro y aparecía en videos como si fuera el capo Corleone en Puerto Cítrico. ¿Y recuerdan aquella mordedura de rata en la mazmorra de la Corrección? Cuando los pergaminos anunciaron tal hecho, esta dama pensó que lo había visitado el Rey, pero no. Tranquilidad, quedó descartada esa hipótesis: no fue mordedura de rey.

El chavismo, por su parte, sigue organizando tours como buenos operadores de agencia de viajes. Antes regalaban gorras, almuerzos y pocas monedas de cobre. Ahora ofrecen desayuno, almuerzo y diez monedas de cobre. Pero ni así. La gente prefiere quedarse en casa que posar en fotos manipuladas para que parezcan multitudes. Los cárteles tlacaleños y cumbiyareños ya no son fantasmas: son los guías del paseo, con camisetas turquesa.

Mientras tanto, el vulgo mira y pregunta: ¿cómo hacemos para no perder la Costa ni el Zafiro? ¿Cómo defendemos el reino si la Corte se nos llenó de jinetes del polvo blanco?

Esta cronista no tiene la respuesta. Pero, por favor, agarrad el pan, que pastel no va a alcanzar para la plebeyada.

Vuestra,

Lady Susurros


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