
Corre la luna menguante sobre el cielo tropical del Reino de Costa Zafiro, y con ella mengua también la paciencia del vulgo pensante. En los grupos parlantes de Guasaburgo del oficialismo, donde antes se lanzaban aplausos como arroz de boda malgastado, ahora solo circulan amenazas veladas, silencios impuestos y órdenes desde la sombra. Los espacios de medio y alto rango ya no son lugar para el intercambio de ideas, sino mazmorras digitales donde el pensamiento crítico es delito capital.
Basta que un alma ingenua ose cuestionar, preguntar, señalar que algo no huele bien en la Corte del Guaro, para que saquen el hacha. Pero no cualquier hacha: una con acento tlacaleño o cumbiayareño, y tarea precisa. ¿Coincidencia? No, mis leyentes, no es el azar. Es el diseño. Es el guion. Troles sicarios digitales al servicio de la narrativa oficial, entrenados en el arte de destruir con emojis, de apuñalar con memes, de decapitar reputaciones con pantallazos. Caen sobre la disidencia como zopilotes sobre la carne a medio expuesto.
Quienes han sido tocados por esa vara quedan marcados. No hay juicio ni defensa. Solo una lista que corre por los pasillos de Feisburgo y los pasadizos de Instalandia: los disidentes. Ahí van cayendo, uno a uno, los que alguna vez creyeron, los que alguna vez dudaron, los que alguna vez pensaron. Porque aquí, en este régimen de lo viral, no se permite pensar: solo se aplaude, se repite y se arrodilla.
En la plaza Mora y Zan, la sombra del desaire se extendió como nube negra. Fue la Casa elegida, era obvio, y las otras casas fueron tratadas como simples barracones. A sus miembros, que esperaban bajo la tarima, peinados y perfumados, no los dejaron subir. Ni una mención. Ni un saludo. Ni un dedo meñique que los señalara. Ahí quedaron, viendo hacia arriba, como el perro que espera un bocado desde el balcón.
Hoy en el mercado me contó la Dama Norteña, que el norte lo perdieron los guaristas. Están decepcionados, están partidos. Solo quedan los piñeros del rapé o los rapistas lavadores, no más. El resto se desdibujó ante tanto vínculo con Casas partidarias ligadas al tráfico del polvo maldito. Pudieron haber sido fanáticos, pero la verdad como toda verdad en los cuentos viejos tarde o temprano salta, rasga el velo y desencanta. Ya en el norte de Costa Zafiro, los agricultores, los ganaderos y los dueños de hostales habían abandonado el culto a la Corte, porque nunca quiso ayudarles. Muy a tiempo despertaron del letargo, de esa ilusión tan dulce como falsa, la ilusión de pertenecer a la nobleza. Ahora otras y otros plebeyos van despertando, también, como quien sale de un hechizo en mitad del monte.
Mi pecho sospecha. Y cuando una mujer plebeya sospecha con el pecho, más vale escucharla. Porque si la tierra es redonda, esos troles del rapé no son de palabra: son de rapé.
Mortega, la Dama Oscura de Tlacali, ha sido un puñal dorado en la imagen del guarismo. Prometía reforma y trajo oscuridad. Pero no se le puede reemplazar: ella es el símbolo, la esfinge de este reinado. Ella es oro, violencia y rapé. Esos tres elementos fueron los cimientos del régimen. Y con ellos se erigió un rey sin atestados, sin moral y sin pudor.
Y no olvidemos a Farenheit, el exmagistombo caído que ahora arde en la lumbre de sus propias declaraciones. Su doncella, la Dama Fina del Silencio Ardiente, carga secretos que podrían abrir las puertas del infierno. Que nadie dude que está en la mira del Cartel del Nopal, del Cártel del Diablo y de los narcopolíticos del castillo. La dama Fina debe ser custodiada, no por cortesanos, sino por los Sabuesos del Tribunal. Dejarla sola sería condenarla a la desaparición entre sombras, como tantas otras que sabían demasiado.
Y sin embargo, no todo es desesperanza. Los aires cambian, aunque la Corte se niegue a oler su podredumbre. Los fanáticos disminuyen. Los plebeyos despiertan. Los muros digitales ya no contienen el rumor ni el susurro. El guarismo sabe que su reinado fue con muletas, con decretos, con troles, con rapé y con mentiras.
Por eso quieren ahora gobernar desde el Parlamento de los Suspiros. Quitar los pesos, los contrapesos, las balanzas, los relojes y las campanas. Gobernar sin estorbo, sin fiscalía, sin prensa, sin memoria.
Mas el vulgo ya ha visto demasiado.
Quizás, si el día llega en que Podrigo Ratias ascienda al trono, desde una Corte Perica transitoria pero lúcida, pague lo que la Corte del Guaro le debe a la Caja de las Almas Aseguradas, devuelva las becas a las Matronas del Coraje, acabe con la lista de espera que desangra a los nosocomios del reino y empiece a deshacer el enredo que dejaron los cortesanos del guaro. No por gloria, ni por ambición, sino por decencia plebeya. Porque es justo. Porque es necesario. Porque si alguna vez soñó con gobernar, que empiece por limpiar.
Pero para ello, el rey, el virrey y la virreina deben renunciar. Y parece que ya empacan sus baúles. Aunque la incógnita permanece: ¿se irá el Rey Guarito a esconder a otro reino, desde donde mande emisarios y cartas para su candidatura parlamentaria? ¿O se quedará en estas tierras, con la frente en alto y el sudor del juicio? Porque si huye, no será el rey valiente que tanto pregonaron sus bufones. Será solo un exiliado de su propio fracaso.
Esta dama se pregunta también qué pensará Negro Noche, el fiscal del Reino, el Sabueso Mayor, sobre esa posible huida. Obviamente lo intuye antes que el vulgo, obviamente lo sabe. ¿Tendremos más novela sabuesesca?
Y así lo dejo dicho. Que se escuche en las plazas, en las casas, en las tabernas. Porque el Reino de Costa Zafiro está por girar su rueda.
Lady Susurros
Lista de personajes y entes del Reino de Costa Zafiro según la crónica
Rey Guarito I
Monarca sin atestados, erigido sobre oro, violencia y rapé. Narcisista coronado por el caos.
Podrigo Ratias
Parlamentario Mayor, posible heredero del trono. Se espera que repare los males de la Corte si asciende.
María Salute
La virreina del régimen, parte del trío que debería renunciar para abrir paso al relevo.
Esteban del Sol
El Barón Fantasma, virrey silencioso y hermano caído, parte del alto círculo de la Corte del Guaro.
La Yuli Mortega
La Dama Oscura de Tlacali, encarnación del poder del oro, la violencia y el rapé. Símbolo absoluto del régimen.
Negro Noche
El Sabueso Mayor, fiscal del Reino. Guardián silente que observa desde la Torre del Tribunal.
La Dama Fina del Silencio Ardiente
Pareja del exmagistombo. Custodia secretos que podrían sacudir la estructura entera del reino.
Farenheit
El exmagistombo caído. Figura de escándalo que arde en sus propios silencios.
La Dama Norteña
Voz sabia del mercado que confirma la deserción del norte. Guardiana de los rumores veraces.
Lady Susurros
Cronista del Reino, testigo punzante del caos, oráculo de los plebeyos.
Corte del Guaro
Núcleo del poder en decadencia. Se sostiene con decretos, troles y miedo.
Corte Perica
Eventual espacio de transición. Podría representar una mejora si se depura. Pero lo dudamos.
Parlamento de los Suspiros
Cámara donde se redactan las leyes del Reino. A veces en contubernio con la Corte, otras como teatro de resistencias.
Caja de las Almas Aseguradas
Institución vital del reino, endeudada por la Corte y olvidada en promesas.
Matronas del Coraje
Madres y jefas de hogar, símbolo del pueblo abandonado que aún resiste.
Nosocomios del Reino
Casas de sanación asfixiadas por las listas de espera y el olvido.
Sabuesos del Tribunal
Guardianes de la justicia, encargados de proteger o acechar desde la penumbra jurídica.
Troles del rapé
Ejecutores digitales del régimen. Se lanzan sobre los críticos como hachas parlantes.
Grupos parlantes de Guasaburgo
Espacios cerrados donde la disidencia es exterminada sin juicio.
Feisburgo
Plaza virtual donde circulan las listas negras y los linchamientos.
Instalandia
Pasadizo brillante del reino digital, habitado por imágenes sin alma.
Casas partidarias del polvo maldito
Agrupaciones políticas ligadas a los flujos del rapé y los negocios turbios.
Mora y Zan
Plaza central de revelaciones y humillaciones políticas. Escenario de desaires.
El norte del Reino de Costa Zafiro
Región que despertó del hechizo guarista. Agricultores, ganaderos y hosteleros se alejaron del culto a la Corte.
