Apuntes, rayones y manchas de mi vida

Por Lady Susurros, con tinta impregnada de las lágrimas de focas desencantadas, y una pluma caída de una cisne mentirosa.

En el año IV de la Regencia de Guarito I, cuando el Reino de Costa Zafiro dormía con un ojo abierto y el otro irritado de tanto ver las redes del vulgo, el Parlamento de los Suspiros convocó, por fin, a uno de los sabuesos más visibles del Reino: Ráñiga, el Sabueso de las Madrugadas, jefe de la Orden Inmaculada Judicial, el que no duerme cuando huele estiércol binario o rapé en galetas.

El llamado fue claro y urgente: comparecer ante la Mesa del Cuido y del trasiego del Veneno, un recinto ya bañado en discursos inflamados, secretos a medias y cortes abruptos de transmisión. Pero esta vez no hubo pasillos privados ni alcobas oscuras. La comparecencia fue pública, sin filtros: el pueblo lo vio todo.

Y Ráñiga habló. Habló con el peso de un sabueso fiel, con voz de estar harto de olfatear mentiras. Declaró que sí, que el Ministro de las Mazmorras del Reino, el ahora célebre Gerald del Monte, había admitido, sin apremio ni tortura, que tenía contacto directo y amistoso con Farenheit. La confesión fue hecha en pleno Zapotón, en las entrañas de la Corte Real, durante una cita de esas que no aparecen en el pergamino oficial pero sí en los murmullos de los corredores.

La fecha del encuentro fue el 13 de marzo del año pasado, aunque el guaro en sangre y la diplomacia del silencio hicieron que nadie se enterara hasta que Ráñiga lo soltó como quien suelta una rata viva en una cena de nobles. El Ministro de las Mazmorras, ahora embadurnado de sospecha, no negó el vínculo, pero sí juró que no hubo nada criminal en ello. Claro, porque en el Reino de Costa Zafiro, la corrupción es algo normal.

Pero la cosa no terminó ahí. Ráñiga lanzó otra daga, esta vez envuelta en pergamino sellado. Dijo que también existía un asesor presidencial, de esos que se pasean por los pasillos del Castillo Real susurrando al oído del Rey, que habría tenido contacto con el mismo Farenheit, el fugitivo en cámara lenta, el que grababa Testimonios con movimiento del Exiliado en la villa de descanso del Rey mientras los Sabuesos lo rastreaban. El nombre del asesor, sin embargo, quedó en la niebla. El Sabueso alegó que se encuentra bajo investigación preliminar y que por eso no puede soltarlo todavía. Pero el silencio pesó como candelabro en terremoto.

Las reacciones no se hicieron esperar. Desde la Corte Real, la Corneta Pillina I ,eco oficial del Guaro, reina de la verborrea desatada, desestimó los dichos como “puro humo”. Según ella, sin nombres ni documentos, no hay fuego. Aunque cualquiera con nariz sabe que cuando huele a quemado y se escuchan pasos huyendo, el incendio ya está en marcha.

En las Redes del Vulgo, los plebeyos con dedo pulgar y conexión a Feisburgo o Tictolandia estallaron. Unos celebraban a Ráñiga como héroe del ocaso, sabueso incorruptible, esperanza de justicia. Otros, más escépticos, lo acusaban de ser parte de un teatro, de tener el guión dictado desde la Justa Sala del Cuarto o el Consejo de los Votos Secretos. Los más creativos lo veían como una pieza en una partida de ajedrez donde todos los peones ya huelen a cadáver.

Los medios se alinearon como estandartes en feria electoral. El Heraldo de la Oposición, el Pergamino del Pueblo, el Boletín del Pueblo Llano, la Voz de la Nobleza Descontenta y hasta el Espejo del Palacio dieron eco a las palabras de Ráñiga. Reproducían sus frases con cuidado, como quien limpia un cuchillo antes de usarlo: “Yo nunca tendría contacto con una persona que defiende venenotrasegadores.” Frase que dejó a muchos preguntándose si era una confesión, una advertencia, o una profecía.

Pero quizá lo más revelador de la noche fue el subtexto: la advertencia de que los trasegadores de veneno ya no merodean las fronteras ni solo usa morteras para transportar plebeyos. No. Ahora ronda los castillos, comparte mesa con asesores, da brindis con los ministros y escribe dictámenes con galenos en la villa de descanso del Rey. Ráñiga lo dijo sin metáfora: el Reino está infiltrado, y sin reformas legales que permitan allanar fortalezas y propiedades privadas de los intocables, no se puede actuar. Propuso incluso que se permita ingresar a residencias cuando exista una orden de extradición pendiente, un movimiento que haría temblar a más de un noble con lujos sin declarar.

Mientras tanto, en el fondo de la Corte del Guaro, el Rey guarda silencio, el Ministro de las Mazmorras niega todo, y el asesor fantasma aún no tiene nombre, pero sí sombra. El pueblo, por su parte, aplaude o se burla, como corresponde en toda buena tragedia bufonesca. Y el espejo de los murmullos de Farenheit, ese pequeño oráculo de teclas gastadas, duerme en alguna bóveda, lleno de mensajes, videos, emojis delatorios y promesas de impunidad. Ese Espejo de los Murmullos ,o Esmullo, como lo llaman los plebeyos del Reino, ese artefacto brillante donde se reflejan secretos, escándalos y ruegos de amantes. Con él acceden a los hechizos diarios de Tictolandia, los espejismos de Instalandia y los ecos añejos de Feisburgo. Algunos aseguran que sin su esmullo, el vulgo no sabría ni en qué día vive ni a quién odiar.

Así se celebran las 50 crónicas del Reino, no con fuegos artificiales, sino con fuegos judiciales. Porque en la Regencia de Guarito I, la verdad no se proclama: se filtra, se esconde, se niega y, a veces, se deja caer como excremento envuelto en celofán.

Y termino contándoles queridas y queridos susurrantes, que en la Corte corren, lloran por los rincones del Palacio, llaman a sus troles, les ofrecen más monedas, pero ni estos ni los pergaminos lacayos quieren propalar falsedades, los asesores ya no saben qué decirle al Rey, le han pedido ayuda a la Corneta de Palacio, pero ella está muy ocupada en el Parlamento de los Susurros esquivando a los cronistas canallas, o inventando más mentiras.

Siempre vuestra,

Lady Susurros

Festejemos la crónica 50, porque no sabemos si mañana seguiremos en este Reino aún con derechos.


Descubre más desde Bitácora de Stella

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Posted in