Apuntes, rayones y manchas de mi vida

Por Lady Susurros, con pluma temblorosa como bisturí y tinta de caldo de cirugía fallida.

En el último año del reinado de Guarito I, cuando las Mazmorras del Reino se llenaban de nobles caídos, truhanes arrepentidos y sabuesos hambrientos de justicia extranjera, se escribió un nuevo capítulo en el pergamino del escándalo. Esta vez, no fue un edicto ni un discurso inflamado lo que hizo temblar los candelabros del Palacio, sino un documento quirúrgico, firmado con apuro y tinta sospechosa por el mismísimo Doctor Ratón, el Cirujano de la Corte del Guaro.

Aquel cirujano, bien conocido en la Villa de Descanso del Rey, donde comparte portón con Rey Guarito I, se despachó con un Pergamino de la Salud Dudosa para favorecer a uno de los reos más escurridizos del reino: Culo de Ratón, el Virrey del Caribe.

El dictamen, fechado erróneamente como “lunes 24 de junio” cuando en realidad era martes, proclamaba que Culo de Ratón necesitaba una Incisión del Retorno Exprés para drenar un lago de la sangre reprimida supuestamente acumulado tras un retoque del abdomen. La intervención debía ejecutarse en la Casa del Bisturí Estético, un recinto privado donde el bisturí baila más al ritmo de las monedas que de los síntomas. El dictamen no omitía detalles pintorescos: declaraba que, por voluntad del Virrey del Caribe, no se le retirarían las garras postizas durante el ritual quirúrgico, pues ello ‘entorpecería la oximetría de pulso para ir monitorizando la oxigenación de la sangre’. Así pues, a Culo de Ratón le fue concedido entrar a la cámara de incisiones con sus uñas acrílicas intactas, resplandecientes como garras de noble en carnaval. Nos encanta que sea tan coqueto el mamífero. La operación original, según rezaba el texto, estaba pactada para el 19 del mismo mes, pero fue pospuesta “por razones personales”. La nueva fecha sería el 26. Pero el reo ya estaba bajo llave en la Mazmorra La Corrección.

Ni el rollo mencionaba quién reprogramó la intervención ni adjuntaba respaldo alguno más allá de la palabra del cirujano, cuya cercanía al Rey no era ya un susurro sino un canto en Tictolandia. “Adelante con este partido, con este candidato”, decía el Doctor Ratón en un video fijado, mientras Guarito le respondía con gesto satisfecho.

Pero he aquí donde la olla comenzó a burbujear. El Ratón no era solo vecino del trono, sino también aliado de otro entramado más oscuro. Desde tiempos ya olvidados, ofrecía su apoyo a La Estrella Negra de Cítrico, un equipo de finta incierta y finanzas opacas, donde también merodeaba un viejo conocido de los Sabuesos del Tribunal: Fahrenheit Metrópoli Constrictor, el exmagistombo caído, el mismo que otrora dictaba justicia desde la Torre del Tribunal y que ahora esperaba su entrega a los Sabuesos del Norte.

Fahrenheit, junto a Culo de Ratón y un cafetalero de Cumbiyara llamado Mantequillita, formaba parte, según las revelaciones de la Orden de los Cazadores del Norte, de una cofradía dedicada al Blanqueo de Monedas Negras disfrazado de apoyo deportivo. Usaban el césped y las graderías para lavar el Polvo Maldito que fluía desde los cárteles de la Bahía y el Nopal, de Tlacali. El informante principal, conocido solo como La Lengua Oculta de la DEA, aseguró que el trío delinquía desde hace años, cobijado por la brisa del Caribe y por el silencio de muchas oficinas.

La red era clara. El equipo de fútbol servía de máscara, el Doctor Ratón de escudero quirúrgico, el Rey de mecenas tácito, y Fahrenheit de cerebro tras bambalinas. Y cuando la olla hirvió, el Ratón se cayó en ella.

Los sabuesos internacionales no esperaron. En el Rancho del Norte, la Torre del Exilio Norteño, ya se alistaban los pergaminos sellados para recibir a Fahrenheit y al Virrey del Caribe. La Corte Real del Guaro balbuceaba que nada sabía, mientras los Heraldos del Guaro y los Cronistas Lacayos disfrazaban el hecho con juegos de palabras.

Y así, mientras el tambor de la corte resonaba entre las murallas, y los bufones del algoritmo intentaban tapar con flatulencias mentales el hedor de la verdad, el Reino de Costa Zafiro miraba hacia Cítrico y veía no un equipo, sino una cofradía. No un dictamen, sino un salvoconducto fallido. No un médico, sino un Ratón. Y ya era tarde. El Ratón se había caído en la olla.

Siempre vuestra,

Lady Susurros

Queridas y queridos leyentes, os quiero por chismosas y chismosos, espero seguidles entreteniendo con esta novela dantesca, que apena inicia.


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