
Era el vigésimo tercer día del sexto mes del año de la Regencia del Guaro I cuando los sabuesos de la Orden Inmaculada Judicial, moviéndose con sigilo, irrumpieron en la Villa de Zárate y prendieron sin resistencia alguna al exmagitrado Farenheit Metrópoli, también llamado el Constrictor. Aquel que antaño se paseó con pompa por los pasillos de la Torre del Tribunal, la Guardia Real y el Cuarto Tres de dicha Torre fue reducido por mandato emanado desde la Torre del Norte de los Vaqueros, en el lejano Reino Naranja del Norte.
La operación no nació de la improvisación. Desde varias lunas atrás un grupo élite de la Orden Inmaculada Judicial, o como la conocen los plebeyos con cariño: La Orden de los Sabuesos, seguía las huellas del caído atendiendo la petición urgente de la Orden de los Cazadores del Norte, que denunciaba inminente fuga. La solicitud de entrega judicial llegó desde el Territorio de los Vaqueros sustentada en un expediente abultado de indicios que atribuye a Farenheit el mando de una red de rapé con tentáculos en el Reino del Nopal, la Cumbiyara, Pinolagua y el Canal.
Dos soplones encubiertos, rostros ocultos y lenguas selladas, afirmaron que Farenheit ofrecía protección total a los cargamentos de polvo blanco, garantizando paso seguro por los caminos reales de Costa Zafiro. En un conciliábulo del noveno mes del año pasado, celebrado en los altos de la Villa del Este, el Constrictor alzó su copa y prometió a emisarios del Cártel del Nopal que ninguno de los carruajes de la Guardia Real ni de los sabuesos de la Orden alzaría barrera alguna al avanzar las naves del mar colmadas de la mercancía maldita.
Hoy la misma Torre del Tribunal que otrora le rindiera honores contempla su derrumbe. La Togada de la Federación de los Vaqueros del Norte reclama su presencia en juicio allende el mar, invocando la Cláusula del Reino sobre la Entrega de Almas activada tras el Mandato de los Tiempos Nuevos.
Recluido en la Mazmorra de la Corrección, Farenheit intenta evadir el destierro alegando males de carne y entrañas, perturbaciones del sueño y ansiedades varias que, a decir de su defensa, le impiden viajar. Mas el Honor de las Torres del Reino no vacila. La Fiscalía del Reino, con Negro Noche al frente, proclama que ni los antiguos lazos ni los ruegos del Constrictor detendrán el Juicio de los Tiempos.
El guardián Ráñiga, sabueso de las madrugadas, confirmó que la Orden actuó con precisión y, aunque en días idos compartió bureaus y estrategias con Farenheit, hoy sostiene que el deber pesa más que los vínculos.
Este suceso desvela la telaraña urdida por Farenheit durante décadas y pone en jaque el Honor de las Torres. El Reino de Costa Zafiro presencia un rito inédito: un ex miembro de la Torre del Tribunal, portador de secretos y rutas, encara la posibilidad de ser entregado al Reino Naranja del Norte.
En los anales de la Argamasa (Cementazo), donde ya figuran trueques de favores y viajes justificados en la compra de ajuar para neonatos, se traza ahora un nuevo capítulo: el del exmagistrado caído, destituido por la Torre Suprema, perseguido por la Orden de los Cazadores del Norte y acaso pronto juzgado en la Torre de los Vaqueros.
Así, Farenheit Metrópoli Constrictor aguarda. Y con él aguardan muchos, conscientes de que los espejos del Reino ya no reflejan impunidad, sino el eco de una justicia que a veces viaja en carruajes alados desde tierras remotas.
Vuestra siempre
Lady Susurros
Y recordad: si con caballeros de mala calaña os acompañáis, y si vuestra merced pertenece a esa ralea, un pañal llevad bajo el sayo, no fuese que el esfínter os traicionase cuando os anuncien requeridos por los Cazadores del Norte Naranja.
