
Del Bacalao y Layuli Mortega, o de cómo las sombras de Tlacali se deslizan sobre Costa Zafiro
En el aliento húmedo que brota del Golfo de Tlacali, no el del Reino Naranja, sino aquel más denso, más caliente y menos confesable, y entre los susurros viscosos de antiguos pactos aún no expiados, se alza el nombre de una dama que atravesó mares y montañas desde las orillas del Viacrucis hasta el corazón palaciego de Zapotón. Su nombre en los pasillos de la Corte del Guaro no requiere presentación, es Layuli Mortega, señora de la Casa del Pueblo Sometido, aspirante a auriga del carruaje cortesano. Mas ni el baño ritual en la Fuente de la Verdad, ni las nuevas galas de la renovación política logran lavar del todo las manchas de su pretérito.
Durante casi treinta inviernos, compartió Layuli lecho, ambición y silencios con un varón de temido renombre en Mexolutla, Bacalao de Mortega, otrora alcalde bajo el estandarte carmesí de la Casa Reaccionaria de la Imposición (PRI). Durante aquel mandato de costas ardientes y pescadores silenciados, no fue ella flor de adorno ni dama ociosa, sino artífice de despachos, tejedora de rutas presupuestarias, mujer de palabra firme en el reino chico, más real. En aquellos días sellaba acuerdos con personajes tales como Jarte Ochoa, el exgobernador de Viacrucis hoy encerrado en las mazmorras por los delitos del oro fácil y la sangre lenta, aún resta juzgarle por las afrentas contra la humanidad.
Rumores, esa moneda que no caduca ni con decreto ni con desmentido, murmuran que el Bacalao fue más que político, habría sido engranaje clave del Cártel Tabasco de los Nietos, exportador de polvorapé, hierro y muerte desde los sótanos de Tlacali hasta los portales de reinos vecinos. De su paradero presente, poco se sabe. No hay edicto que lo acuse ni orden que lo busque. Solo el eco de su nombre, tan denso como el humo de una vela que no se apaga, sigue los pasos de Layuli cual sombra pertinaz.
Tras cerrar aquel capítulo de marisma y plomo, la dama del Golfo arribó a Costa Zafiro con nuevo vestido y lengua dulce. Era el año de gracia de 2022 cuando fundó la Casa del Pueblo Sometido, presentándola como ofrenda de transparencia, participación y frescura. Mas esas promesas, como candelabros en tormenta, pronto perdieron su luz. Hoy, voces desde los rincones del Reino acusan, Layuli no enterró el pasado, lo embalsamó y lo trajo consigo.
Un delegado plebeyo del sur del Reino, cuya identidad reservamos por temor a represalias cortesanas, se atrevió a levantar la voz. Según su testimonio, la estructura de dicha Casa se halla ahora secuestrada por una élite mínima, feroz y silenciosa. Las antiguas asambleas que nutrían de vida a las candidaturas han sido trocadas por comedias preensayadas, y todo se cocina en la alcoba privada de Layuli y su escudero, Petro, el del pergamino descomunal y bolsillo generoso.
Los canales de debate han sido sellados, los chats internos amordazados, y las decisiones se imprimen como decretos sobre tablillas doradas. El citado delegado sentencia,
“Ya todo está cocido, nos presentan nombres escritos y esperan que los firmemos sin debate, las asambleas provinciales son teatro de cartón, ¿qué sentido tiene ser delegado si somos figuras sin voz ni voto?”
En su comarca, aquellos que alzaron primero los pendones de esperanza han sido reemplazados por estructuras paralelas, domesticadas al deseo de la Dama. Lo popular se ha vuelto máscara, y lo participativo, un monólogo insípido.
Más oscuro aún es el presagio de que la Casa del Pueblo Sometido devenga carruaje alquilado al oficialismo de cara al próximo Tiempo de las Componendas y los Votos. Un nombre resuena con fuerza, Sir Charly PUM, amo de la imprenta y los Datos Dorados, cortesano del silencio empresarial, protegido del Rey Guarito I. Su postulación, cocinada sin sazón popular, despierta más recelo que entusiasmo.
“Nos exigen firmar pagarés sin conocer al candidato, ya quieren imponer catorce diputados sin diálogo, ¿eso es democracia?, no, es dictado.”
Y cual si la escena no fuese ya lo bastante sombría, súmase una figura insular, una funcionaria de la Cámara de los Peces, asignada a las islas del Golfo de Nicoa. El día octavo del mes de mayo, a las cinco y media de la tarde, fue vista en encuentro político del CPS en tierra firme del sur. Mas su jornada concluía a la hora cuarta, y no hay carruaje ni barcaza que le permitiera tal travesía sin violar las leyes del Reino y de la física. Sospechas de proselitismo financiado con arcas reales se esparcen como tinta en agua clara.
“Lo mínimo es que haga campaña con su tiempo, no con el nuestro, no puede usar su cargo ni el erario para inclinar la balanza del Reino.”
Este mismo delegado, ahora marginado y apartado de los canales del partido, medita presentar denuncia formal ante el Consejo de los Votos Secretos, no por despecho, sino por fidelidad a la legalidad y a los principios de la soberanía popular.
Entretanto, en Tlacali, se fragua una alianza entre el Cártel Tabasco de los Nietos y los Chapitos del Cártel del Nopal, cuyos tentáculos ya se extienden sobre Pastoácido (Zacatecas), Tirayán, Santanera y Perroloco. Propaganda de guerra, armamento clandestino y proclamas de exterminio circulan por las Redes del Vulgo. La Orden de los Cazadores del Norte ha elevado alertas. No solo por lo que ocurre allá, sino por lo que está naciendo aquí.
Desde el Reino Naranja del Norte se alza la advertencia, Costa Zafiro podría convertirse en un Reino del Rapé. Y aquí, confieso, no sé si debo abanicarme, dejar de escribir o reír. !Oh narangos (gringos) esos!, si en reinados anteriores ya se sospechaba, y algunos, y en aumento, eran los funcionarios o financistas de la corona que se sabía que eran raperos, pero en este reinado de Guarito ya no queda duda, ninguna. Bastaría con observar la lista de la Corte Real, las acciones y las inacciones de Guarito I que colaboran con la entrada y salida del rapé en el Reino. Y si alguien albergase todavía alguna duda, baste recordar el aval de Guarito para que el Gran Piz, aquel exguarda de la Corte caído por el peso de sus alianzas oscuras con el Cartel del Nopal, sea hoy defendido como hijo pródigo del Reino. ¿A qué cártel del rapé pertenece dicho personaje? No lo decimos, lo saben.
Aquí, los únicos que aún no se enteran de que ya somos un rapereino, son las ovejas obnubiladas por el aliento de cloaca que expele Guarito entre la rendija de su voz.
Así, entre asambleas vacías, funcionarios bifrontes, sombras criminales y alianzas con espectros del pasado, la silueta de Layuli Mortega se presenta ante nosotros como emblema trágico del poder zapotónico, aquel que muda de ropaje, más jamás de entraña.
Y como estocada final, os dejo con una interrogante que no cesa de martillar las conciencias nobles y plebeyas,
¿Cuánta impunidad puede vestirse de novedad antes que el pueblo despierte de su encantamiento?
Siempre vuestra,
Lady Susurros
No olvidéis, pensad mal, y acertaréis.
