Apuntes, rayones y manchas de mi vida

Del Partido de los Pericos Loros y el Eco del Hartazgo Popular

por Lady Susurros, la de pluma afilada y oído en las plazas del reino

En los tiempos actuales del Reino de Costa Zafiro, donde los tronos se reparten según el grosor del monedero y no del ideario, ha comenzado a agitar sus alas un viejo pero escandaloso animal político: el Partido de los Pericos Loros, antaño glorioso y hoy confundido, ruidoso y sin norte, como papagayo sin rama.

Este partido, fundado por el legendario Jogueres, aquel Rey Emérito de los Confites y los Violines, supo abolir ejércitos con machete y proclamar repúblicas con café en mano. Ah, qué tiempos aquellos, cuando un figuerón podía prometer justicia social sin ser acusado de querer subir los impuestos o vender el reino al mejor postor de las Logias del Ahorro Inhumano.

Pero basta de nostalgia. Volvamos al presente, donde lo que fue una manada de líderes visionarios se ha convertido en un batallón de pericos repetidores, aves que repiten consignas neoliberales con acento fingido de pueblo.

El Partido de los Pericos Loros, con su tradicional desfile de promesas sin calendario, se debate hoy entre un pasado que enarbola y un presente que apenas soporta. Su cúpula, dominada por el llamado ratiarismo, representa más una junta de accionistas que una organización política. Su ideario está guardado en una gaveta polvorienta, justo al lado de los trajes de gala de las convenciones vacías.

Y es que no hay corte más traicionera que la que se disfraza de socialdemócrata mientras firma pactos con las Logias del Ahorro Inhumano. El ratiarismo, con su adicción a la tijera presupuestaria y al café con los del Gran Capital, se ha vuelto indistinguible de sus antiguos enemigos. La diferencia con el régimen del actual monarca, Guarito I, no es ideológica, sino logística: quién vende primero los cofres, las tierras, los puertos, los votos, o los códigos QR.

La prueba más reciente de esta tragicomedia la vimos en el intento de aprobar vía exprés el infame decreto de las jornadas 4×3, esa fantasía de turno laboral que pretende que los súbditos trabajen como caballos sin establo ni avena. Algunos miembros del Parlamento de los Suspiros, con plumas verdeolivo y corbata de medianoche, alzaron la mano con entusiasmo, como si regalar derechos laborales fuera la nueva moda cortesana.

Y he aquí que surgen preguntas legítimas: ¿de qué lado están estos pericos? Porque la jornada de ocho horas no es capricho de gremio ni utopía de escribano. Es una conquista de antaño, de sangre, huelga y pancarta. Y el 4×3 es un garrotazo elegante disfrazado de modernización. Un zarpazo al tiempo libre, al transporte digno, a la maternidad sin reloj, al derecho de no desfallecer por el reino.

Pero claro, cuando uno escucha a Sir Chari Malavides, el Conde del Ajuste Plebeyo, también conocido como el Perico Mañoso, comprendemos de inmediato que no hay límite en la desfachatez. Este noble del recorte ha sido puente entre el Partido de los Pericos Loros y la Crayola del Limbo, en especial durante el reinado de Sir Charli el Varado, Conde de la Crayola Derecha, un monarca que decía ser del pueblo mientras firmaba decretos en inglés antiguo.

Bajo su alianza, figuras como Malavides y otros escribieron juntos el cuento fiscal que transformó impuestos en tributos regresivos, recortes en eficiencia, y a la Caja de las Almas Aseguradas en campo de batalla. Todo esto, mientras Lady Claudina, la Dama del Tranvía, diseñaba carriles exclusivos para la nobleza urbana.

Y por supuesto, como si no fuera poco, al interior del Partido de los Pericos Loros, el sucesor designado es nada menos que Sir Áramos, el Conde del Nido de los Pericos, hijo de Áramo Padre, el Conde de los Antiguos Comandos. Dicen los trovadores que Áramos llegó a la candidatura con el aval silencioso de los Ratarias. Porque dentro del partido, más allá del discurso público, conviven varios círculos de poder que se reparten cuotas como si fueran racimos de uvas: los devotos del ratiarismo, los nostálgicos de Jogueres, los empresarios de salón y los tecnócratas con tarjeta dorada.

¿Renovación? Solo si le llamamos así al cambio de plumaje en el mismo loro.

Por eso, aunque muchos súbditos de este Reino de Costa Zafiro estén dispuestos a apostar por cualquier escudero que logre frenar al monarca Guarito y su séquito de cortesanos del guaro, no lo hacen por fidelidad, sino por urgencia. Porque, como bien se dice en las plazas: no es amor, es pánico.

Pero no confundamos desesperación con apoyo sincero. Que el respaldo que hoy se ofrece a los pericos es prestado, y el hartazgo tiene memoria. La ciudadanía no entregará otra vez sus esperanzas a cambio de discursos reciclados ni gestos tibios. Porque si Sir Áramos y su séquito fallan, no será solo el descontento el que aumente. Será la rabia. Será la abstención. Será la puerta abierta al caos disfrazado de nuevo orden.

Y la historia lo sabe. Porque basta revisar el pergamino de los últimos reinos para recordar las veces que el Partido de los Pericos Loros ha pactado con los vendedores de humo. Desde el Tributo del Impuesto Injusto, hasta la entrega de los Pabellones del Saber Académico del Reino, pasando por la colonización de las Torres Académicas del Lucro, el trayecto ha sido claro: menos Reino bueno, más negocio.

Pero si de peligros se trata, el más inquietante es otro. En los pasillos oscuros del Palacio de Zapotón se rumorea que Guarito I ha entablado amistad con el mismísimo Sir Piz, caballero caído y operador del Cártel del Nopal. Sí, el mismo que viajó entre túneles y tratos con los señores del veneno del norte. Si esa alianza se consolida, ya no seremos un rapereino escondido entre comunicados y discursos. Seremos un rapereino sin disimulo. Con uniformes de fachada, bendiciones de trapo y caravanas de pólvora.

De ahí que muchos plebeyos repitan: ojalá Sir Áramos no venga a administrar los restos del reino como si fueran acciones en la Bolsa de Zapotón. Porque sí, se puede comprender a quien esté dispuesto a votar por él con tal de detener al Rey del Guaro. Pero que no esperen milagros de un partido que hace tiempo cambió las pancartas por presentaciones en PowerPoint.

La única esperanza sensata es que se le exija. Que se le presione. Que se le haga recordar, a él y a todo el partido, que la socialdemocracia no es un eslogan, es una responsabilidad. Que gobernar es resistir a las Logias del Ahorro Inhumano, no servirles vino en copa ancha.

El Partido de los Pericos Loros tiene una última oportunidad. Si elige nuevamente traicionar al pueblo, no solo perderá los votos temporales. Perderá su última pluma de dignidad.

Porque hay momentos en que el pueblo no perdona. No por ideología. Por hartazgo.

Vuestra siempre
Lady Susurros

que no digan luego que no se les advirtió en esta crónica, que debemos decir claro a quien quiera ser rey que no queremos más lucro para los nobles y cortesanos, queremos justicia para la plebe.


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