
El Trasgo de Cloaca y el Reino en Camino a la Violencia
Por Lady Susurros, escribana con nariz bajo franelas, testigo del hedor y la hipocresía
En el umbral del quinto mes del III año del reinado de Guarito I, Aliento de Trasgo de Cloaca, el monarca descendió desde los balcones del Palacio de Zapotón envuelto en nubes de humo de vanagloria, flanqueado por damas obedientes y heraldos del comercio, para ofrecer al reino su acostumbrado ritual de propaganda.
El monarca volvió a interpretar el papel de criatura injustamente acusada. “Yo no llamé a nadie”, murmuró con ojos de gacela herida, mientras en los caminos del norte ya se escuchaban tambores y botas. Decía no conocer a los Comandos del Jamaiquino ni a los Centinelas del Guaro, aunque fue su verbo el que encendió sus antorchas. Todos en Zapotón saben que esos escuderos no se activan sin una mirada del trono. Y más aún, muchos de ellos ya vienen manchados por la tinta del nopal, ese sello de los senderos donde el guaro y el polvo blanco caminan juntos.
Con voz empalagosa se proclamó amante de la paz. Aseguró que él nunca ha incitado a la violencia. Sin embargo, en la misma alocución desvió el índice hacia la Torre del Tribunal, acusando al Sabueso Mayor, Negro Noche, y al Sabueso de las Madrugadas, Ráñiga, de haber orquestado un espectáculo judicial para mancillar a sus Guardianes de Cámaras. Y además, según Guarito, narró un episodio en Alto Telire, donde la Torre del Tribunal apareció junto al pergamino de La Voz de la Nobleza Descontenta, portando sus pergaminos móviles para grabar el supuesto desorden de su reino.
El tono del monarca osciló entre el llanto y el esputo entre sus dientes. Dijo que no toleraría golpes de Estado judiciales como en “otros lugares”, mencionando a algunos Reinos del Exterior como si fueran parte de una fábula. Y entre ellos, señaló como su nuevo cómplice al Reino Naranja del Norte, alardeando de haber sido invitado a sentarse con naciones poderosas a negociar tarifas. «No somos cualquiera», dijo, aunque acá el pueblo ni puede comprar arroz sin receta ni conseguir una consulta médica sin tener fe en las constelaciones.
Todas, plebeyas y plebeyos del Reino de Costa Zafiro, sabemos que pactó con el Ogro anaranjado del Norte. Por eso ya no lo quieren mandar a sus mazmorras frías. Ahora, los reyes de Costa Zafiro y Buquelandia son aliados del Poder del Norte, y ese olor que expelemos como reino de rapé, ya no lo huele el Ogro del Norte.
Después vino el número musical de las exportaciones y los hoteles. Cifras bailaron en el aire como mariposas drogadas: 7 cofres de oro por aquí, 26 hoteles por allá, 3000 empleos para plebeyos pobres y no pobres. Pero en los caminos de Turriácido y Cítrico el pueblo sigue esperando que esas promesas caigan como lluvia verdadera y no como propaganda lanzada desde un trono enrejado.
El momento culminante fue su ofensa contra quienes votaron en contra de la jornada 4×3. Nombró uno a uno a los supuestos traidores, entre ellos damas del Parlamento del Suspiro Eterno. La más abucheada fue Lady Dinquero de La Lajuela, a quien le rogó no burlarse más. Pero el ruego sonó más a amenaza disfrazada que a súplica auténtica.
El discurso cerró como comenzó, con el rey negando lo que sus propios seguidores ya habían confirmado: llamadas, vínculos y colmillos. Dijo que todo era parte de una persecución. Pero su aliento arrastraba el tufo de quienes disfrutan el conflicto y lo alimentan con cada palabra torcida.
Que nadie se engañe. El trasgo de cloaca sonríe mientras niega haber escupido fuego.
Vuestra siempre,
Lady Susurros
Y que el pueblo no confunda la niebla de la montaña con las nubes de humo del trono.
