Apuntes, rayones y manchas de mi vida

Las Sombras Digitales del Poder: Troles, Partidos de Cartón y el Relevo de la CornetaPor Lady Susurros, con tintero vigilante y memoria de elefante

En los corredores infestados de espejos del Palacio de Zapotón, donde ya no se distingue la realidad de la propaganda, se gesta una nueva estrategia, más silenciosa que una daga entre costuras pero más letal que el filo de una mentira repetida. Es la era de las sombras digitales, donde los enemigos del Reino no llevan espadas sino teclados, y quien los comanda no siempre viste corona, sino perfil falso.

Desde que Guarito I, el Acosador Repatriado, trepó al trono con promesas de limpieza moral y látigo en mano, el Reino de Costa Zafiro ha sido testigo de un fenómeno preocupante: la instauración de una dictadura de retuits, memes envenenados y perfiles clonados que ladran sin rostro pero con mandato. No se trata de bromistas del mercado ni plebeyos con humor. Se trata de los Heraldos del Engaño Digital, una cofradía oscura de servidores sin honra que obedecen desde la penumbra las órdenes del Palacio.

Y en el centro de esta red está ella, silenciosa como el veneno en té de medianoche, Layuli Mortega, la Mensajera Oscura. Dama de gestiones secretas, cobradora de favores y ahora, según se susurra en los salones tras los cortinajes, la nueva heredera del carruaje de alquiler en la carrera hacia la corona. Su pasado no está escrito en pergamino limpio, sino en tinta opaca y sobres discretos. Fue ella quien, sin rubor en la mejilla, admitió haber entregado recursos a El Bufón Maldito, un lacayo virtual especializado en injurias y reverencias desmedidas. Dijo haberlo hecho como un favor a una amiga. Oh, qué amistades tan generosas y tan útiles a la causa del guaro.

Pero no es lo único. Mientras el Reino creía que la Gran Corneta Pillina I sería la operadora del futuro de la Corte, esta tropezó con su propia arrogancia. Arruinó una negociación clave para conseguir un nuevo carruaje de alquiler. Dicen que entró con la espada en alto creyéndose virreina, y salió con las puertas cerradas y el ridículo en la espalda. Guarito I, entre furias y gritos apenas contenidos, giró la orden sin titubeos: que sea Layuli Mortega quien rescate el proyecto, quien encuentre, alquile, robe o construya la carroza que les permita cruzar el año del Señor MMXXVI sin depender de nobles de partidos pasados.

Así se consolidó el Partido del Populacho Soberbio, una estructura sin caballos, sin herraduras, sin pueblos, pero con una promesa: servir al monarca y blindar su ego de toda crítica, verdad o memoria. Lo llaman partido pero huele a cartón húmedo.

Y mientras tanto, las Granjas Botasiáticas no duermen. Cultivan perfiles falsos en tierras lejanas, a sueldo de tesorerías ocultas. Alimentan la ilusión de apoyo masivo, de plebeyos eufóricos, de respaldo popular que no es más que neblina digital. Detrás de estas granjas está también la mano del oro, de aquellas cámaras que simulan desarrollo pero riegan monedas en forma de propaganda, y que terminaron en manos como las de Sir Fede Chocho, artesano de la imagen real, y de Cristo el Vúlgaro, el Antiguo Artesano del Eco Digital. A ambos les pagaron con monedas de la Bóveda del Oro Centroamericano.

Las fichas de la Corte, por lo general están llenas de cuestionamientos. No se puede olvidar al Vizconde del Toqueteo, aquel profesor de la Torre de la Fidelidad Privada que cobraba sesenta monedas de plata a cada mozuelo por una calificación comprada. O a la Ura de la Risita, tan diestra en menospreciar gremios como en cambiar de bando. O al Conde de la Máscara y la Pompa, señor de los teatros que gasta más en aplausos que en artistas. Y desde luego, la Marquesa del Salto Calculado, siempre lista para volver si hay reparto de sillas.

Todos ellos, peones de un ajedrez maldito donde el único rey se sienta en su trono de redes sociales rodeado por la Orden del Jaguar Borracho, ese coro incondicional que aplaude todo, grita por todo y comprende nada.

Esta no es una lucha de partidos, es una guerra por el relato. Una batalla donde las palabras han sido reemplazadas por gritos preprogramados y la democracia ha sido empujada a un rincón sin luz, donde la verdad apenas susurra. Porque en Zapotón, la censura no se impone con bayonetas sino con trending topics. Y la persecución no requiere barrotes, basta con bots.

Es por eso que esta cronista, armada de pluma y memoria, escribe con furia y sátira. Porque el Reino merece más que un emperador desnudo y una corte de troles. Merece la verdad. Merece que el silencio se rompa, aunque sea con carcajada.

Vuestra siempre
Lady Susurros
y que ningún bot decida jamás lo que debemos pensar antes de dormir.


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