Apuntes, rayones y manchas de mi vida

El Reino del Rapé y la Espada Silente: Sobre Chapotequitos, Comandos Ocultos y la Lealtad que ya no es al Pueblo

Por Lady Susurros, con abanico al pecho y el pulso alerta como centinela de medianoche

En los corredores cada vez más sombríos del Reino de Costa Zafiro, donde las cortes ya no debaten sino obedecen y los estandartes ondean más por lealtades personales que por principios, ha emergido una conjura tejida con rapé, capas de sigilo y aceros que no descansan en fundas legales.

Todo comenzó más allá del Mar del Norte, cuando el Abejón Zamba, fundador del infame Cártel del Nopal, se entregó al Imperio Naranja. Dicen que se entregó o que lo entregaron, que fue en un acto calculado de uno de los herederos del Chapoteco, ya encerrado desde hacía años en una celda de hierro encantado, donde se pactaron silencios, beneficios y traiciones. Así lo aseguran los pergaminos secretos del Senado del Norte, protegidos por Pato Loco, el Rey del Tinte Naranja. Quien se incomodó, según cuentan las aves, fue Sir Rubius, el latino del Norte, quien luego vino al Reino de Zafiro, quizás a ver con sus propios ojos qué tanto polvo había caído en estos suelos, y a pactar nuevos pergaminos de plebeyos de lugares lejanos del Orbe. Sir Rubius además, sospechamos pactó no llevar al monarca a las mazmorras del norte a cambio de la sumisión y la entrega de los secretos del Nopal, su financista a la corona.

Con la salida de juego de los patriarcas del nopal y la trinchera, el mando pasó a los Chapotequitos, Archi, Príncipe del Franilo, y Alfredín, Príncipe del Rapé, herederos del Nopal Chapoteco. Su corte no descansa en castillos sino en bodegas, caminos costeros y rutas de rapé que cruzan desde el sur hacia el corazón del Reino. Allí, en nuestras propias tierras, no hallaron resistencia sino brazos abiertos y rutas despejadas, carruajes custodiados y paisajes tropicales.

Y es que en el Reino de Zafiro, los antiguos caballeros del orden se han visto reemplazados por figuras sombrías con medallas forjadas en lealtades paralelas. El más notorio de todos es El Gran Piz, otrora jefe de la Guardia del Reino, hoy estratega de una red de espadas civiles ocultas. Fundó una cofradía con nombre de defensa pero propósito de sombra, el Frente Patriótico. Tras un sonado episodio en que fue hallado escoltando mercancía del Nopal, fue condenado. Mas las rejas poco duraron, y hoy, tras su liberación anticipada, se le ve nuevamente entre columnas y comandos.

A su lado, como fiel escudero, marcha el comandante Vargallo, quien se hace llamar coronel en ceremonias que no reconoce la nobleza ni la ley, que se dice ser portador de una toga, pero que nunca terminó su instrucción para poseerla. Él convoca, entrena y se alinea con las órdenes de su superior como si de cruzada se tratase. Y no está solo. Sus filas se extienden a grupos de Calamitosos Frustrados, y otras cofradías que esconden su filo bajo el manto de la ayuda comunitaria. Pero no os dejéis engañar, sus prácticas no se escriben en reglamentos del Reino sino en manuales clandestinos, en entrenamientos que recuerdan más a campos de guerra que a plazas civiles.

El momento culminante ha llegado. En la Villa Pesada, se gesta una movilización que ya no es rumor sino evidencia. Comandante Vargallo, junto con sus leales, convoca a los comandos a presentarse para un acto de respaldo al trono actual. La fecha, el 23 de mayo. Será una demostración de poder con espadas no oficiales.

Se murmura en los corredores de la Torre y las imprentas, que entre las huestes del coronel Piz y del comandante Vargallo se esconden espadachines del Cártel del Nopal, avezados y bien apertrechados, aguardando la señal del Guarito I para cumplir, sin titubeo, sus designios reales.

Y mientras los nobles debaten sobre decretos y el Parlamento de los Suspiros bosteza ante las advertencias, en los bosques del norte se ensayan formaciones. No para resistir una invasión extranjera. No para auxiliar en inundaciones. Sino para estar listos cuando el Rey Guarito I, el Acosador Repatriado, alce la mano y pida respaldo en nombre del pueblo, aunque solo lo rodeen los leales a su sombra.

No es mera coincidencia que, desde su entronización, Guarito I haya debilitado a los sabuesos del tribunal, recortado a los escribanos del castillo, silenciado a la Contaduría de los Gastos y sembrado la duda entre los guardianes de la ley. Mientras tanto, circulan rumores sobre cofres ocultos que financiaron su ascenso. Cofres sellados por los Mecenas de la Corona, que siempre apuestan a quien les asegure paz, permiso y paso libre.

¿Y la Guardia del Reino? Cuentan que muchos de sus caballeros no responden ya a la bandera sino a la sonrisa del monarca. Le llaman Amado Líder no por título sino por devoción. Y esa devoción, cuando toma forma armada, deja de ser virtud y se convierte en amenaza.

Porque lo que busca Guarito I no es otra cosa que una salida sin sobresaltos si algún día le toca irse, que nadie le corte el paso ni le pida cuentas. Utiliza a los plebeyos más básicos como escudo emocional y tropa espontánea, y si hay sangre que correr, que no sea azul. Que los muertos los pongan los otros. No la corte.

A nosotras, las damas del pensamiento claro y los caballeros del juicio templado nos llaman antorcheros sociales por no rendir reverencia a las espadas alzadas por fantoches de la Guardia. Mas no comprenden el riesgo de jugar al soldadito que jura dar la vida por su Amado Líder, así llaman al monarca, ¿habrase visto apelativo más cursi y lambiscón para referirse a un ser tan trastornado y manipulador como Guarito I? Agradezco al noble del Condado del Norte por ese pergamino público que, entre el polvo del rapé y los ecos del servilismo, ha permitido a los habitantes de Costa Zafiro asomarse a los oscuros entresijos de los reinos intoxicados.

Sí, queridos lectores
Estamos ante una nueva danza de espadas
donde el sonido no es de tambores de guerra
sino de pasos sigilosos bajo la lluvia del norte

Y vos, lector atento
¿a quién juráis vuestra lealtad?

Vuestra siempre
Lady Susurros
que ha guardado la pluma bajo llave por si la tinta ya no basta


Descubre más desde Bitácora de Stella

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Posted in

Deja un comentario