Apuntes, rayones y manchas de mi vida

Por Lady Susurros, con abanico de pergamino y oídos atentos al pregón dominical

En la aurora del Año del Señor MMXXV, mientras el rocío de la incertidumbre aún cubre las baldosas del Parlamento de los Suspiros, se hizo pública una entrevista que ha agitado los corredores de la política zapotónica. Fue el cronista Sir Roger del Papel Nación, noble de la Crónica Dominical, quien osó preguntar lo que muchos cuchichean en tertulias vespertinas: ¿alzará finalmente el Trovador del Roble el estandarte de la contienda mayor por la corona?

Me refiero, por supuesto, a Sir Ariel del Roble, el Paladín del Pueblo, aquel que con verbo incansable ha sabido defender los bosques deshojados, las playas encadenadas y hasta las monedas de cobre que la Corte del Guaro pretende arrancar de los bolsillos plebeyos. Su figura crece en las esquinas y balcones como canción que no necesita juglar contratado, pues la entona el propio vulgo con esperanza de cambio.

El pregón de Sir Roger fue sutil, pero las palabras del Roble se deslizaron como agua de manantial: no confirmó, no negó, apenas dejó entrever que el estandarte podría alzarse si la voluntad del pueblo así lo pidiese. ¡Oh, qué música para oídos fatigados de la Corneta Pillina y su eco gastado!

Mientras tanto, en la Corte del Guaro, el Rey Guarito I se revuelca en sus propios espejos, temeroso de que el canto del Roble se convierta en himno popular. El monarca, adicto a sus reflejos y al incienso de Jamaica de sus bufones digitales, sabe que ningún canto cortesano logra opacar la tonada simple y clara de un trovador verdadero.

En los balcones del reino, entre jarras de vino barato y pan compartido, ya se murmura: ¿será este el año en que el estandarte del Roble flamee contra los muros del palacio? ¿O quedará la esperanza en susurro, como tantas veces, ahogada por monedas doradas que compran silencios y gargantas?

Por ahora, el misterio permanece. Pero no hay duda de que los corredores del Parlamento de los Suspiros tiemblan, pues saben que la canción del pueblo, cuando se entona con verdad, derriba tronos más rápido que cualquier decreto regio.

Vuestra siempre,
Lady Susurros


Glosario zapotónico

Sir Ariel del Roble
El Paladín del Pueblo, trovador incansable, defensor de bosques, playas y plebeyos

Sir Roger del Papel Nación
Cronista dominical, noble de la pluma cortesana, preguntador de lo prohibido

Rey Guarito I
El Acosador Repatriado, monarca del guaro y los espejos

Corneta Pillina I
Dama de lengua veloz, eco de la Corte del Guaro

Parlamento de los Suspiros
El recinto de los pleitos, donde plebeyos y nobles se lanzan decretos y palabras

Bufones digitales
Troles del Castillo Real, mercenarios del algorítmico guaro

Estandarte
Símbolo del poder en contienda, bandera del futuro posible.


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