Apuntes, rayones y manchas de mi vida

Mis muy distinguidos y avezados lectores:

En los días de recogimiento y solemnidad que adornaban la Semana Santa, cuando el incienso aún flotaba en el aire y los pecadores se pretendían santos, una llamada salió de Zapotón como un susurro, se solicitó a David Trivilín, el Comerciante del Espejismo, el Ambicioso Trivilingüe, el gringo del verbo veloz, el dueño de El Espejo del Palacio, aquel de ambiciones clarísimas, que se hiciera eco de la revelación de Baruch que salía de Panamá.

Pero, ¡oh sorpresa! El caballero, que rara vez ha dejado pasar un buen negocio editorial, decidió invocar el decoro profesional. “Somos un medio muy serio”, musitó, como si tal virtud no le pesara como un corsé ajustado. Exigió saber, con tono digno de notario enmascarado, a qué banco se hacía referencia. Y en ese momento, se quebró la fanfarria.

Desde la mismísima línea directa, en un diálogo digno de un epistolario inflamado, el Rey, Guarito I, ese implacable caballero de escasa mesura, y el gringo de verbo veloz, se dijeron palabras que no caben en estas páginas tan decorosamente encuadernadas. En términos más vulgares: se mandaron directamente al infierno con tal convicción que ni un sacerdote en pleno viacrucis habría intervenido.

Nos encontramos, queridos míos, ante una ruptura. Una grieta amplia, profunda, de esas que no cubre ni el más espeso barniz de cordialidad pública. Según susurros que me llegan en abanicos perfumados, el distanciamiento es real, es crudo, y por demás… costoso. ¿Se reconciliarán en el lecho dorado del interés? ¿O será esta la caída del telón para el dueto Guarito-Pillina?

Porque si de algo se puede estar seguro, es que Trivilín, con v de vil, no de virtud, ha sido siempre un mercenario del verbo. Y cuando el buche escupe, lo hace sin elegancia, pero con verdad.

Quedo atenta a la próxima misiva del escándalo.

Con toda la franqueza de quien escribe con pluma y pólvora,
Vuestra cronista de los secretos inconfesables.

Lady Susurros

Glosario zapotónico de la Crónica 1. Los peluches de la Prensa Vasalla y la Corte

Zapotón
Sede de la Corte Real, donde gobierna el Rey Guarito I. Epicentro de los decretos, berrinches y favores.

Guarito I, el Acosador Repatriado
Monarca actual del Reino de Costa Zafiro, rey del verbo simple, el guaro y la propaganda. Líder de la Corte Real del Guaro.

David Trivilín, el Comerciante del Espejismo, el Ambicioso Trivilingüe, el gringo del verbo veloz
Forastero dueño del Espejo del Palacio, experto en convertir pauta en halago. Mercader de imagen, aliado intermitente del Rey.

El Espejo del Palacio
Canal cortesano de luces, cámaras y pleitesía. Refleja lo que el trono desea, con filtros de niebla.

Leo, el Coco del Guarito
Aquel a quien el Rey teme. Operador sombrío, estratega del silencio y de los datos malditos. Ha prometido llevar al monarca a la Torre del Tribunal cuando caiga su corona. Guardián de secretos que hacen sudar al trono.

La Corte Real del Guaro
Gobierno central del Reino, dominado por los suspiros del monarca, la Corneta Pillina y los bufones del algoritmo.

Pillina I, la Corneta de la Corte
Dama de lengua veloz, eco oficial de Guarito I en el Parlamento de los Suspiros. Protagonista constante en los diálogos palaciegos.

El Parlamento de los Suspiros
Sede legislativa del Reino, donde los plebeyos son mencionados solo cuando conviene.

La Prensa Vasalla
Conjunto de medios sometidos al oro del trono o al miedo de perderlo. Visten de objetividad pero cenan en la Corte.

Semana Santa
Tiempo sagrado para el pueblo, pero útil para tramas discretas y llamadas de alto nivel desde Zapotón.


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