Apuntes, rayones y manchas de mi vida

Mis queridos y escandalizables lectores:

Hoy me senté, no sin cierto temblor de pestañas, en uno de los balcones ocultos del Parlamento de los Suspiros. ¡Oh, qué día tan señalado! Las campanas aún no daban la hora y ya el aire olía a perfidia, populismo y un poquito de laca barata del peinado de Guarito I. Lo que presencié merece contarse con tinta sarcástica, y aquí me tienen.

Entró él. El monarca del guaro. El que ruge en Tictolandia. El inigualable Rey Guarito I, el Acosador Repatriado.

Se pavoneó por el recinto como si llegara a recibir laureles, no a rendir cuentas. Saludó con la frente en alto, como quien acaba de escribir una epopeya y no un boletín de prensa con cifras dudosas. Dijo que ya no vivimos en la República del Silencio. ¡Imagínense! Justo cuando la mitad de los escribanos del reino están sin empleo por discrepar con su majestad.

No pasó mucho antes de que empezara su ataque frontal contra toda figura con una pizca de autoridad: Podrigo Ratias, la Gárgola Menor, Poder Caído, quien aún guarda la llave ceremonial del Parlamento aunque el pueblo ya no le preste atención; Sir Orligue, el Guardián de la Corte Adormecida, señor de la Justa Sala del Cuarto, tan pausado que los ecos deben esperar turno para escucharse en su recinto; la Guardiana de los Gastos del Reino, más conocida por sus ausencias que por sus alertas; y Negro Noche, el Sabueso Mayor, jefe de los Sabuesos del Tribunal, cuyo olfato es tan selectivo como su silencio frente a los rugidos del trono.

Todos bajo fuego del jaguar.

Pero lo mejor —y aquí confieso que hasta me ericé— fue el momento en que un grupo de damas parlamentarias, bravas como leonas con enagua, alzó pancartas en pleno discurso real. ¡Qué momento! Una afrenta valiente, simbólica, afilada. Y entre los que se sumaron a tan glorioso gesto, ahí estaba también Sir Ariel del Roble, el Paladín del Pueblo, firme, con rostro de quien ya lo ha visto todo y aún así se atreve.

El rey, al verlas, tartamudeó, perdió el hilo, y por primera vez… ¡se calló! Fue como ver caer una copa de vino sobre su propio discurso. Yo, por poco, dejo caer mi abanico del regocijo.

Después vinieron los fuegos artificiales de cifras: que la pobreza bajó, que el desempleo es una anécdota, que el Conde de la Tijera fue nombrado el mejor del mundo por una gaceta extranjera que ni siquiera cubre economía. ¡Pero bueno, la fantasía no tiene límites en la Corte del Guaro!

Luego habló de educación, de salud, de puentes, de mazmorras que ya no son hoteles —dijo él— y hasta de religión única en las aulas, porque al parecer la diversidad es algo que hay que erradicar como si fuese sarna.

Y cuando parecía que el espectáculo había acabado, entró en escena su némesis: el siempre carrasposo Podrigo Ratias, la Gárgola Menor, Poder Caído.

Con voz pausada, casi con ternura de tío desencantado, le respondió al rugido con un susurro. Pero qué susurro, mis adorados: ¡uno que sacudió los cimientos del Salón! Dijo que gobernar no era tirar cifras, sino garantizar derechos. Que recortar la educación y la salud no es avance, sino retroceso envuelto en cinta dorada.

Le reprochó al monarca haber llamado ratas, cucarachas, burros y locas a los parlamentarios —yo sentí que se me inflaban las venas del escándalo al recordar esas joyas del guaro insultador— y, sin perder el aplomo, lo acusó de conducir al Reino hacia el temido pantano del populismo autoritario.

Y aquí lo digo sin temor al castigo: la respuesta de Podrigo Ratias fue firme, valiente, y más monárquica que el discurso del propio Rey.

Me fui de la sala entre murmullos, abanicos cerrándose con fuerza, y miradas cruzadas. Algunos todavía buscaban el rastro de los carteles rebeldes. Yo, por mi parte, salí con el corazón agitado y la tinta lista para contarles esta escena inolvidable.

Porque mientras haya pancartas alzadas, damas valientes, y parlamentarios con dignidad… a este reino aún le queda aliento.

Vuestra siempre,
Lady Susurros


Glosario zapotónico

Guarito I el Acosador Repatriado Rey narcisista del Reino de Costa Zafiro
Podrigo Ratias la Gárgola Menor, Poder Caído, viejo guardián del Parlamento
Sir Orligue Guardián de la Corte Adormecida, magistrado de la Justa Sala del Cuarto
La Guardiana de los Gastos del Reino vigía ausente de la Contaduría de los Gastos
Negro Noche Sabueso Mayor, jefe de los Sabuesos del Tribunal
Sir Ariel del Roble Paladín del Pueblo, parlamentario combativo y defensor de la plebe
Parlamento de los Suspiros recinto de los debates del Reino
Justa Sala del Cuarto tribunal mayor que decide los conflictos constitucionales
Corte del Guaro círculo cortesano del Rey Guarito I.


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