Apuntes, rayones y manchas de mi vida

Crónicas desde las Mazmorras del Reino: el jaguar sin garras y los prisioneros del olvido

En los rincones más sombríos del Reino de Costa Zafiro, donde el eco de las cadenas se mezcla con la indiferencia palaciega, la Corte de Guarito I, el Acosador Repatriado, ha vuelto a mostrar su desprecio por la plebe encerrada. Según la lógica imperial de Palacio, los derechos plebeyos son incompatibles con el glorioso proyecto de orden y castigo que dirige el dúo trágico: Guarito I y su Guardia Mayor, Guario Zarza Mora, el Guarito II, a quien el Rey fustiga en público, y él, como el más lacayo, pone rodilla en tierra para recibir más insultos del frustrado monarca.

En un arrebato de “genialidad logística”, fue este último quien propuso, con tono marcial y mirada perdida en el horizonte, que se instalaran carpas en los patios penitenciarios. Una ocurrencia de feria disfrazada de reforma, aplaudida por ningún experto y archivada con pudor en el cajón de las ridiculeces no ejecutadas. Jamás se plantó una sola estaca, pero la vergüenza de la idea aún flota como olor a humedad entre los pasillos del Reino.

Más allá de las propuestas fallidas, lo que sí se ejecuta con precisión y entusiasmo es la represión en las Mazmorras. Las visitas íntimas fueron eliminadas con la misma frialdad con que se apagan las luces al final de una función, y los oráculos visuales (también llamados televisores) han sido silenciados en nombre de la disciplina. La Corte afirma que así se restablece el orden. El orden entendido como obediencia sin afecto y castigo sin pausa.

Ahora bien, no todo es blanco o negro entre las rejas. Hay prisioneros que, en efecto, han ganado con sobrado mérito su lugar en la sombra: violentos, mafiosos, asesinos y otros con historial digno de encierro prolongado. Pero también hay quienes no pertenecen allí, almas atrapadas por la lentitud de la Torre del Tribunal, errores del sistema o por haber nacido en el barrio equivocado. Y en ese afán de controlar, ni Guarito I ni Guario Zarza Mora han mostrado el más mínimo interés en distinguir a unos de otros. Todos son tratados igual: como bultos peligrosos a neutralizar, jamás como personas.

Guarito I, que sueña con rugir como jaguar aunque apenas emite bufidos ante el micrófono, sigue encandilado por su musa centroamericana: el Emperador Nayib Bukele, el Barón de las Rejas Eternas. En un gesto de amor diplomático, Guarito le entregó la distinción más pomposa del Reino, como si premiar al castigo fuera parte de la tradición zafireña. Dice el monarca que no copia, que adapta. Lo cierto es que no se necesitan celdas de acero para hacer temblar los derechos: basta con adornarlas de discursos y llamarlas “reformas”.

Y como si todo esto fuera poco, hoy Su Majestad en persona bajó de su carruaje blindado para visitar las Mazmorras. Según los heraldos, esperaba una recepción solemne y reverente, pero lo que recibió fueron maldiciones, gritos y verdades sin filtro. Dos prisioneros con herencia de foca, emocionados por ver al jaguar en su hábitat natural, quisieron saludarlo, pero la mayoría alzó la voz y le gritó sus penas y su furia. Se dice que uno de ellos le lanzó un zapato.

Para que los cronistas lacayos pudieran narrar al vulgo la gloriosa visita, fue necesario colocar a un guardia en cada reja, no por protocolo, sino para evitar que al monarca le cayeran encima gargajos, fluidos varios, o lo que es peor, desechos no tan fluidos provenientes de la furia intestinal del encierro.

Mientras tanto, las familias de los prisioneros de las Mazmorras ven cómo sus cartas se extravían, sus voces se ignoran y sus dolores se minimizan. Se les niega contacto, se les niega respuesta, se les niega el mínimo consuelo. Las organizaciones civiles han alzado la voz reclamando humanidad, pero la Corte prefiere oír el aplauso hueco de los leales y el rugido de ese jaguar, que no es más que un disfraz barato colgado en la silla del poder.

Así avanza el Reino, entre gestos de autoridad fingida, planes carcelarios imaginarios y un desprecio bien cultivado por los que ya lo han perdido todo, hasta el derecho a la ternura.

Con tinta negra y densa pluma,

Lady Susurros,

cronista de los rincones donde la piedad no llega.

Glosario zapotónico

Guarito I
El Acosador Repatriado, monarca narcisista del Reino de Costa Zafiro, que se cree jaguar pero solo ruge en micrófonos.

Guario Zarza Mora, Guarito II
El Guardia Mayor de la Corte, fiel lacayo del Rey, encargado de las ocurrencias penitenciarias.

Mazmorras del Reino
Cárceles del Reino de Costa Zafiro, donde conviven culpables y olvidados, gobernadas por la indiferencia palaciega.

Torre del Tribunal
La sede de la justicia del Reino, lenta e implacable con los pobres.

Barón de las Rejas Eternas
El Emperador Nayib Bukele, inspiración carcelaria de Guarito I.

Familias de los prisioneros
Plebeyos que sufren la indiferencia de la Corte, privados de contacto y consuelo.

Cronistas lacayos
Escribientes cortesanos que maquillan las visitas del Rey para halagarlo.


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