
Queridos y humeantes lectores del Reino:
Esta semana, ardiente como sartén de fonda y fragante como jardín encendido, trajo consigo una escena inolvidable desde el mismísimo Parlamento de los Suspiros. Fue allí donde Sir Ariel, el Parlamentario del Pueblo, volvió a ganarse el aplauso de los balcones, las esquinas y las cocinas donde se comenta la política entre trastos.
Todo comenzó cuando un lacayo del oficialismo de Zapotón, Vargo, el Parlamentario de la Copa Temblorosa, lanzó una de esas frases que pretenden parecer argumento, pero apenas alcanzan a ser sofisma de pasillo: acusó a nuestro buen Ariel de incurrir en algo a lo que él llamó populismo del inciensismo.
Sí, damas y caballeros, in-ciensismo. Una palabra que no existe, pero cuya sola sonoridad ya genera comezón entre los puristas del diccionario y sonrojo en los cultores del incienso poético. Y no, no hablamos de misa ni de botica, sino del noble y siempre malentendido incienso de Jamaica.
Ante semejante disparate, Sir Ariel se levantó con la gallardía de un trovador que defiende la cordura ante una corte de pendejos.
¿Se imaginan vivir tan dentro de la caverna, en pleno siglo cortesano, como para pensar que llamar a alguien inciencero es una ofensa?, dijo.
Y el eco de su voz pareció despeinar las pelucas más tiesas del recinto.
A renglón seguido, nuestro parlamentario del pueblo soltó perlas como quien reparte flores en medio de una tormenta moralista. Recordó, sin titubeos, que a este Reino no lo han destruido los consumidores de incienso de Jamaica, sino los corruptos, los ladrones del erario y los antiéticos con fuero.
Más triste aún, añadió con mirada firme, es imaginar que haya jóvenes con padres que sueltan discursos violentos en público y luego se perfuman con rapé en privado.
¡Oh, el escándalo! Porque sí, mientras muchos condenan con voz temblorosa a quienes encienden la enredadera jamaiquina, no se despeinan para aspirar otras fragancias en las sombras. La doble moral es el perfume oficial del Reino.
Sir Ariel, siempre sin agacharse, también se negó a explicar su vida privada.
No me interesa aclarar lo que hago o no con mi vida. Hay mucha gente en este país que merece respeto. A ellos me debo.
Y con ese gesto, le devolvió la dignidad al incienso, al amor libre y a la juventud harta de ser señalada por aquellos que predican castidad con las manos en el arcón de monedas de oro.
Y para rematar, soltó una de esas frases que se tejen en los telares del pueblo:
Cada vez que me dicen diputado inciencero, hay más de uno que brinca… como si se dieran por aludidos.
Porque si algo ha quedado claro esta semana, es que el Reino está urgido de discursos que sanen y no que humillen, que respiren libertad en lugar de escupir juicios envueltos en falsa moral.
Con aroma subversivo y abanico indignado,
Vuestra siempre,
Lady Susurro,
Guardiana del incienso, no del humo de la Corte de Zapotón
Glosario zapotónico
Sir Ariel del Roble
Parlamentario del Pueblo, azote de la Corte y guardián de la juventud libre
Vargo
Parlamentario de la Copa Temblorosa, lacayo del oficialismo
Parlamento de los Suspiros
Sede de los debates y de los duelos verbales del Reino
Zapotón
Sede de la Corte Real, donde habita el Guarismo decadente
Incienso de Jamaica
Hierba sagrada, bandera de libertad y símbolo de persecución hipócrita
Rapé
Polvo aspirado en secreto por los nobles, fragancia de la doble moral
Corte de Zapotón
El círculo cortesano donde se cocina la falsedad del Reino.

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