
Crónica de encantamientos malditos, plebeyos sedientos y una corona empapada en guaro
por Lady Susurros
Queridos y venerables lectores del reino:
Corría el año del desasosiego, MMXXII, y el Reino de Costa Zafiro se hallaba sumido en la más profunda de las desesperanzas. Las casas políticas, venidas a menos, habían perdido el favor de la plebe, que cansada de promesas deshilachadas y banquetes ajenos, clamaba por alguien que les devolviera la posibilidad de ser pobres pero con dignidad.
Y así fue como, entre la niebla de los encantamientos malditos, surgió Guarito I, el Acosador Repatriado. Hombre de ceño firme y sonrisa de boca embriagante, no traía consigo linaje partidario ni abolengo político. Mas se subió con astucia al carruaje polvoriento de la Casa Cortesana Oficialista, agrupación tan laxa como su nombre indica, sin estructura ni pudor, pero con casilla electoral intacta.
Al inicio de su travesía, Guarito I no era aún el rugidor que hoy gobierna con truenos: era más bien un caballero contenidamente bravucón, que repartía frases medidas y se envolvía en la capa de víctima perseguida por castas, élites, burócratas y damas que osaban denunciarle. La plebe lo encontró simpático. La élite lo subestimó. Grave error.
Detrás del telón de campaña movía los hilos JossLyn, la Dama de la Higiene, quien en aquel entonces ejercía como directora de sus aspiraciones cortesanas. Con mirada firme y verbo curandero, tejió la imagen de un salvador rebelde, sin mácula ni compromisos, al menos en apariencia.
Mas toda historia de ascenso meteórico necesita su hechicera oscura. Y así apareció la Yuli Mortega, la Mensajera Oscura, estratega, conocida por su talento para la intriga, los memorandos sombríos y las campañas de demolición reputacional. Juntas, la Curandera y la Mensajera forjaron en los calabozos digitales de Tictolandia y Feisburgo una narrativa tan embriagante como elixir de cantina.
No hubo mitin sin cámara ni tropiezo sin filtro. Y mientras los demás pretendientes al trono se enredaban en debates soporíferos, Guarito I susurraba a los oídos del pueblo que el sistema estaba podrido, que él era diferente, que venía a romper sin ensuciarse. Como si tal cosa fuese posible.
Y cuando menos lo esperaban, la corona le cayó como un trago en el desierto, mas no de agua. Apenas un veintisiete por ciento del reino votó por él, pero bastó, pues los otros no sumaban más que desprecio.
Desde su entronización, Guarito I ha gobernado entre decretos y arengas. La Corneta Pillina I, antes cronista del reino, hoy su escudera más gritona y mentirosa, le canta loas al oído mientras ataca con furia a quien ose contradecirlo. Y para asegurar su mandato, Su Majestad fundó los Escuderos del Guaro, una guardia personal de sombras, pues ni siquiera confía en los Inquisidores Reales del Dominio Inútil Secreto. No, su paranoia no permite intermediarios.
Y así fue, queridos míos, como un reino hambriento, con sed de justicia y la lengua seca de tanto tragar mentiras y promesas, alzó como monarca a un forastero sin legado, pero con destreza para manipular espejismos. No ganó por amor, sino por desdén ajeno. Y desde entonces, el reino ya no huele a Pura Vida, sino a trago derramado en cantina.
Con pluma en una mano y cafeína en la otra,
Vuestra siempre,
Lady Susurros
Glosario zapotónico
Guarito I → El Acosador Repatriado, monarca del Reino de Costa Zafiro
Casa Cortesana Oficialista → Carruaje político usado por Guarito I para llegar al trono
JossLyn → La Dama de la Higiene, estratega de la imagen cortesana
La Yuli Mortega → La Mensajera Oscura, intrigante y artífice de campañas sombrías
Corneta Pillina I → Escudera gritona de Guarito I, antes cronista del reino
Escuderos del Guaro → Guardia personal de sombras del monarca
Dominio Inútil Secreto → Los Inquisidores Reales, aparato de espionaje cortesano
Tictolandia → Tierra de los encantamientos digitales breves
Feisburgo → Feudo de los espejismos sociales del vulgo

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