
Por Lady Susurros, con tinta esmeralda y rabia de marea alta
En los confines del Reino de Costa Zafiro, donde antaño los monos aulladores entonaban sinfonías y las olas lamían playas sin portones, se libra una batalla silenciosa y sucia. El caballero parlamentario Ariel del Roble, conocido en los pasillos como El Azote de la Corneta y del Rey, el Guardián de la Flora y la Fauna, el Trovador de las Pesetas, ha vuelto a blandir su pluma y su escudo contra el saqueo disfrazado de desarrollo.
El primer acto de esta tragedia verde se alza en los dominios del Refugio de Vida Silvestre Gandoca Manzanillo, un santuario declarado por el mismísimo Pacto de los Humedales, profanado sin piedad por el llamado Al Checo, el Leñador del Manglar, Sicario de los Monos.
Este leñador de hacha pesada, que ha cruzado no menos de siete veces el umbral de la Corte del Guaro, parece gozar del afecto del mismísimo Rey Guarito I, pues cada queja, cada orden de la Justa Sala del Cuarto es desoída como si fuera el susurro de un ciempiés.
Los Guardianes de lo Verde, nombre antaño temido y respetado, ahora permiten con displicencia la mutilación de humedales. Y cuando la Dama de los Humedales, una valiente doncella, se negó a falsificar mapas para borrar ciento ochenta y ocho hectáreas de bosque, fue desterrada del reino cartográfico al Sótano de los Hongos. ¿Casualidad? Que cada lector juzgue.
La Cámara de Gaia, que debería en este reinado llamarse la Cámara de los Secretos, liderada por el Conde del Hacha, negó toda venganza, pero no pudo negar los pergaminos firmados. Todo bajo la sombra de sospecha de que los mapas fueron hechos a la medida del Checo. Y no por arte de magia, sino por pago de favores regios.
La Justa Sala del Cuarto tronó su bastón, pero los árboles no regresan con veredictos. Y mientras tanto, Negro Noche, el Sabueso del Reino, envió a sus perros a allanar oficinas del Condado Talamanca, señalando que allí los pergaminos del Plan Regulador costero olían a tinta corrupta.
En el segundo acto, nos trasladamos al Corredor Biológico Paso de la Danta, donde los gritos de los ocelotes han sido reemplazados por el grito de los leñadores con hachas escandalosas. Allí, un proyecto llamado Amanecer de Portalón se erige sobre el cadáver del bosque.
Detrás de tan poético título se oculta Cris de las Ocas, un noble no tan noble que aportó ciento cincuenta millones al cofre del Rey Guarito I durante la danza de las coronas. Poco después, el Consejo de la Naturaleza Negociable le otorgó una viabilidad ambiental sin siquiera visitar el sitio. ¡Oh, qué diligencia fantasmal!
Cuando El Azote del Leñador Mayor pidió explicaciones, la Cámara de Gaia dijo no saber nada, aunque ya había otorgado los permisos meses antes. Ceguera conveniente, dicen en los burdeles del reino.
Afortunadamente, en este episodio, los sabuesos de Negro Noche ladraron a tiempo: paralizaron obras, investigaron delitos y exigieron restauración. Mas el daño estaba hecho y la sospecha sembrada: que el bosque fue el precio por una campaña de corona financiada.
Finalmente, llegamos al tercer acto: la comedia trágica de las playas que son del pueblo, pero si los plebeyos quieren entrar, tienen que pagar muchas monedas.
En la costa de Mantas y Blanca, donde las olas solían recibir a mozuelos y poetas por igual, hoy hay que pagar un peaje palaciego de quince mil monedas para acceder, gracias al control territorial del complejo Melena de Leona, no un noble, sino un hostal de lujo que actúa como si la Constitución fueran hojas para limpiarse el trasero.
Los togados de la Justa Sala del Cuarto se lavaron las manos en este caso, rechazando el hábeas corpus que pedía el paso libre. Mientras tanto, en Pico La Leona, la Sala por fin rugió y mandó a abrir el portón colocado por un extranjero que obtuvo una concesión con más magia que legalidad.
Y en Playa Cabuyal, gracias al esfuerzo de los defensores del lar, se logró mantener la costa pública. Pero todos sabemos que esto es apenas una tregua en la guerra por la arena.
El Caballero del Roble exige que la Corte Real actúe, pero esta guarda silencio como si temiera ofender a los clanes turísticos de los que comercian con las arenas públicas, cuyos bolsillos son más hondos que los principios de algunos escribanos municipales.
Guarito I calla, pero sus emisarios abren trochas. Y mientras los árboles caen y el mar se encierra, su vocera preferida, la Gran Corneta Pillina I, hace maromas verbales para justificar lo injustificable, defendiendo al monarca como si el trono fuera suyo, o como si no tuviera otro destino que seguirlo hasta el exilio.
Pero aún hay voces, aún hay testigos, aún hay sabuesos. Y aún hay Robles.
Lady Susurros se despide, por ahora. Porque los ecos del bosque herido y el clamor de las olas no han dicho su última palabra.
Vuestra siempre,
Lady Susurros
Glosario zapotónico
Guarito I: Rey del guaro, monarca mitómano y acosador del Reino de Costa Zafiro
Ariel del Roble: Caballero parlamentario, guardián de la flora y fauna, azote del Rey y la Corneta
Negro Noche: Fiscal del Reino, Sabueso Mayor de la Torre del Tribunal
Corneta Pillina I: Dama de lengua veloz, vocera preferida del monarca
Al Checo: Senador del Manglar, Leñador del bosque, protegido del Rey
Conde del Hacha: Jerarca de la Cámara de Gaia, señor del hacha ambiental
Cris de las Ocas: Financista del Rey, mercader favorecido
Guardianes de lo Verde: Guardianes del bosque, institución que vela —o debía velar— por la naturaleza
Sótano de los Hongos: Entidad oscura donde caen quienes se rebelan contra el saqueo verde
Cámara de Gaia: Cámara del ambiente, convertida en cámara de secretos
Justa Sala del Cuarto: Sala constitucional del Reino
Corte Real: Gobierno del monarca Guarito I
Melena de Leona: Hostal de lujo que se adueña de playas públicas
Pico La Leona: Playa del Reino cerrada con portón ilegal
Playa Cabuyal: Costa pública defendida por los pobladores
Plan Regulador costero: Pergaminos municipales manchados de corrupción.

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