
Crónica del Recaudador Amargo y el Reino sin Justicia
Por Lady Susurros, con tinta ansiosa y eco del pregonero Gutenberg
Queridos y venerables lectores del Reino de Costa Zafiro:
Hoy, los ecos del pregón resonaron desde las plazas hasta los pasadizos de todo el Reino, con suficiencia y excelencia, gracias a las sabias letras del maestro impresor independiente, Lord Sergio Gutenberg, cuyo tintero jamás ha temido al poder ni a sus embestidas.
El motivo de tal revuelo no fue otro que una frase lanzada, no desde el juicio sereno, sino desde el hígado agrio del Conde de la Tijera, conocido entre los escribanos como Vomi Tivo Amargo, actual regente del Cofre del Reino: el Recaudador de Impuestos. Un hombre de tesoros contables pero lengua desatada, quien, con soberbia inaudita, ha declarado que la Torre del Tribunal no produce nada.
¡Oh, nobleza del absurdo! ¡Oh, insulto con sotana de ignorancia!
Lo dicho por el Conde no es un mero desliz, sino parte de una danza macabra que, por tres años, ha ejecutado la Corte del Guaro, guiada por su monarca, Guarito I, el Acosador Repatriado. Una coreografía cuyo paso maestro es la demolición institucional: primero la Justa Sala del Cuarto, luego la Contaduría de los Gastos, ahora la mismísima Torre del Tribunal. ¿Y el propósito? Solo uno: instaurar, sin que los plebeyos se den cuenta, una corona de hierro con rostro sonriente.
Mas ¿será cierto que la Torre del Tribunal es estéril? ¡Por todos los sellos del Reino, no!
No forjan espadas ni cosechan trigo, es verdad, pero forjan justicia. Cultivan orden. Riegan la paz. Son quienes, cuando una madre lucha por el sustento del vástago, o un escribano es arrojado al desempleo sin causa, o un aldeano es acusado de hechicería sin prueba, acuden con toga y mazo a restablecer el equilibrio.
¿Quién, sino los guardianes de la Torre, protege al pueblo de los caprichos de la Corte Real?
¿Quién, sino ellos, asegura que los acuerdos se cumplan, que las posesiones no se arrebaten al antojo del más fuerte, que los conflictos no desemboquen en hogueras y horcas?
Este recaudador de impuestos, Vomi Tivo Amargo, dice que la justicia no produce. Es como si su Ministerio del Cofre y la Tijera se declarara inútil por no fabricar carretas ni espadas.
Y, sin embargo, se le escucha. Se le aplaude. Y lo que es peor… se le cree.
El broche final lo pone una antigua cortesana: la Dama del Tarot Didáctico, Katarina la Adivina, quien confesó —con la soltura de quien se siente impune— que jamás compartió la ruta para la educación del Reino, no por falta de pergaminos, sino porque simplemente no le dio la gana. ¡Ah, la instrucción del desprecio! ¡Y el aplauso de los ignorantes como banda sonora del naufragio!
Y así, entre tijeras afiladas, cortesanas holgazanas y cortes en el presupuesto del alma, la Torre del Tribunal se mantiene firme, produciendo lo único que aún nos separa de la barbarie: civilización.
Hasta el próximo susurro,
Lady Susurros,
testigo de las farsas y defensora del pergamino justo.

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