
En este nuevo capítulo de intrigas palaciegas y pugnas de poder, el Reino de Costa Zafiro contempla con ojos expectantes la más intensa confrontación entre la Corte Real y la Torre del Tribunal en su historia reciente. Toda gira en torno a dos figuras que se detestan tanto como se necesitan: Su Majestad el Guarito I, el Acosador Repatriado, y el enigmático Negro Noche, el Sabueso Mayor.
Negro Noche, cuyo verdadero nombre se pronuncia como un susurro elegante entre los pasillos del Tribunal, tiene un je ne sais quoi, como dirían en los burdeles más refinados de París. Ese magnetismo del poder bien llevado, esa lujuria templada que brota de quien mira al Rey sin temblar la pestaña. Es, sin duda, uno de los nobles más hermosos del Reino. Pero no se equivoque, lector ávido de escándalo. El poder no le ha conferido sex appeal a Guarito I, todo lo contrario. A él, el poder solo le ha inflado el ego y agravado la halitosis moral, esa que no disimulan ni los discursos bañados en incienso. Pero este tema de lo que Salamanca no le ha prestado al Rey, lo trataremos en otra crónica.
Desde que Negro Noche vistió la toga del mando de Sabueso Mayor en la Torre del Reino, ha osado investigar al mismísimo monarca y a su séquito de bufones y cortesanos. La más resonante de estas pesquisas apunta a un presunto delito de concusión, o mejor dicho: usurpación de monedas del Reino por parte de un cortesano, en este caso el mismísimo Rey, que hiede a guaro mal servido y promesas publicitarias costeadas por cofres del extranjero. Se dice que parte del oro enviado por la Cámara del Oro Centroamericano fue desviado para favorecer a un asesor muy cercano al Rey. Un movimiento torpe, impropio de quien alguna vez presumió de banquero del Orbe ilustrado.
Pero la Torre del Tribunal, no nos engañemos, no es de mármol puro. El Reino ya padeció a un alguacil servil al Partido de los Parlamentarios Revividos, que barrió bajo la alfombra juicios y causas incómodas como quien sacude los tapetes de Palacio. Sin embargo, desde aquellos días oscuros, la Torre ha ido ganando algo de dignidad, y los plebeyos de este Reino, tan dados a desconfiar, parecen ver con buenos ojos la labor de Negro Noche. Aunque… lo de beneficiar a su doncella, su protegida de la toga dulce, ha levantado más de una ceja. No creemos que sea tan tonto como para reincidir, pero esa jaladita de toga sí se la tiene bien merecida.
Mientras tanto, Su Majestad, en un acto de rabia apenas disimulada, ha llamado títere, matón de barrio, y otras linduras, al Sabueso Mayor. Ha arengado a sus huestes y troles con pergaminos, exigiendo su destitución, como si la justicia fuera un simple juego de plaza pública. Se ha quejado de persecución cortesana, de criterios distintos, de pergaminos ocultos, pero no ha logrado apagar el murmullo creciente de una verdad incómoda: la inmunidad del Rey no es eterna, y el Reino observa.
Negro Noche se ha mantenido firme, defendiendo la independencia de la Torre de Justicia con la templanza de quien ha olido el pantano del poder y ha preferido no revolcarse. Ha recordado que no cederá ante presiones palaciegas, y que nadie, ni siquiera el que se autoproclama Salvador del Reino, puede estar por encima de la ley.
Queridos lectores del murmullo y el vituperio, lo cierto es que estamos en el umbral de algo más grande. La confrontación ya ha salpicado al Consejo de los Votos Secretos y al Parlamento de los Suspiros. La plebe sin dinero y con dinero, la de los burgos y la de las villas, esa que Guarito I despreció con tanto empeño, anhela justicia. Anhela ver al Rey bajando las gradas del trono no entre aplausos, sino entre grilletes. Que su carruaje de escape, financiado por sus amigos comerciantes, no levante vuelo. Que, en vez de alas, le salgan barrotes. Que ruede, sucio y oxidado, por las avenidas del escarnio hasta las Mazmorras del Pueblo.
Y si el destino no nos favorece, si el VIII de mayo el Reino despierta con la coronación de algún cortesano de la actual camarilla, Dioses del Péndulo nos amparen, entonces sí, habremos sellado la entrada a una pesadilla aún más honda. Pues Guarito I, aunque sin corona, seguiría reinando desde las sombras. Sería el poder tras el trono, la sombra tras la cortina, el dedo que mueve los hilos mientras el nuevo rostro sonríe a la galería, a los lacayos de las aldeas, esos que no pueden acceder a los pergaminos de instrucción, esos y esas aldeanas que son dirigidos por troles, esa plebe que está bajo el encantamiento de troles y bufones bien pagados con monedas de los cofres del Reino, que Guarito osa meterle la mano para sus cariñitos.
Así lo dicta la pluma de quien no duerme,
Vuestra siempre,
Lady Susurros
Posdata: No, Negro Noche no me desvela en mis horas nocturnas de insomnio.
Glosario zapotónico
Guarito I: El Acosador Repatriado, monarca narcisista del Reino de Costa Zafiro
Negro Noche: El Sabueso Mayor, fiscal del Reino, guardián incómodo de la ley
La Doncella de la Toga Dulce: Protegida y amada del Sabueso Mayor
Torre del Tribunal: La sede de la justicia del Reino
Consejo de los Votos Secretos: Tribunal supremo de elecciones del Reino
Parlamento de los Suspiros: Asamblea Legislativa del Reino
Mazmorras del Pueblo: Prisiones del Reino
Bufones del Algoritmo: Troles pagados por el castillo real para manipular al vulgo
Cámara del Oro Centroamericano: Bóveda regional que financia proyectos y favores del Reino

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