Apuntes, rayones y manchas de mi vida

Crónica del Parlamento de los Suspiros, por Lady Susurros en la que la Dama Roja, con tinta encendida, desmonta los castillos de humo del Rey Guarito I

Hoy, entre tapices, no tapis, no, eso solo lo entiende mal el Rey, hoy entre tapices y la habitual bruma de discursos oficiales que huelen a perfume rancio de propaganda, fui testigo de la lectura de los pergaminos de una parlamentaria que ha destacado por su peluca colorada. En la gran sala del Parlamento de los Suspiros, la flamígera Dama Roja, conocida entre las casas del reino por su verbo afilado y su defensa del pueblo plebeyo y nobles sin dinero, que yacen a la sombra del poder.

Con una reverencia medida y una sonrisa de acero, la Dama Roja me invitó a escuchar las líneas que había garabateado durante noches de insomnio, indignación y deber. Unos pergaminos escritos no con tinta, sino con las lágrimas de docentes sin aguinaldo, con los suspiros de madres plebeyas sin techo y con la rabia contenida de mozuelos con ansia de saber sentados en bancas rotas.

Así, vuestra fiel cronista, Lady Susurros, se permitió transcribir el espíritu de tan encendido manifiesto.

La Dama Roja denunció sin titubeos que el desarrollo del Reino no puede medirse solo por los aplausos de los Banqueros del Orbe, Bóveda donde trabajó Guarito I y de donde lo tiraron al foso por propasarse con las mozas del Orbe, ni los premios de la Liga Fétida de los Reinos Prósperos. No, dijo ella, cuando en Zapotón, en la Corte Real del Guaro se decide recortar a cuchillo la instrucción, la salubridad y la protección social, mientras se infla la pompa de la imagen real con pergaminos comerciales en la caja parlante y los oráculos, pergaminos que rozan el cuento de hadas.

En particular, desnudó la mascarada montada por El Santo Monge, el Trol del Ring, el Bufón Principal, ese juglar de pluma ligera y lealtad interesada, quien, desde los pergaminos ilustrados de Casa Monárquica, osó pintar de oro una realidad que, en las escuelas, casas de sapiencia e instrucción, huele a humedad y desesperanza.

La Dama Roja habló de un reino con cinco mil escuelas, al que se le pretenden engañar con siete recién inauguradas como si fueran una revolución pedagógica. Todo mientras se pudren techos, se caen paredes, y la Orden del Ministerio de las Promesas Didácticas acumula ochocientas cuarenta y nueve órdenes sanitarias sin resolver. Y la red del saber eterno, apenas un suspiro digital que sólo llega hasta la oficina del rector, una conexión más simbólica que útil, mientras los mozuelos del campo dibujan sueños con carbones en la tierra dura.

Y no se detuvo allí, mis adorados lectores. Oh no. Alzó su voz contra la gestión de Katarina la Adivina, la educadora del Tarot, esa dama de las cifras infladas y realidades ignoradas, cuya huella sobre el Ministerio de las Promesas Didácticas quedará marcada como una de las más oscuras de este siglo.

De ahí saltó al otro frente del abandono: las moradas. Ese anhelo de miles que, bajo el reino de Guarito I, se volvió promesa incumplida. La Dama Roja enumeró, una tras otra, las cifras del despojo. Veintiún mil millones en recortes en el año MMXXIII, treinta y cuatro mil millones en MMXXIV, y una proyección aún más espeluznante para MMXXV. Miles de lares jamás construidos, decenas de miles de personas condenadas a seguir pernoctando entre paredes de tierra y maderas podridas.

Y para colmo de agravios, acusó sin temblor que el Ministerio del Cofre y la Tijera, liderado por el infame Vomit Euro Amargo, el Conde de la Tijera, guarda el oro del pueblo en bóvedas cerradas, impidiendo que los programas aprobados por el Parlamento se conviertan en realidad. Ah, la vieja técnica de no girar los fondos: recortar por omisión.

Cerró su manifiesto con un grito elegante, pero demoledor: las moradas no pueden ser propaganda, es un derecho. Y con ello exigió menos palabras floridas en discursos monárquicos, y más acciones que no mutilen el sueño de tener un lar digno.

Así terminó su lectura la Dama Roja. Y yo, Lady Susurros, la vi alejarse con paso firme, dejando atrás un eco de verdades que no podrá ser silenciado con otro pergamino en movimiento editado desde los pasillos de la Corte Real.

Esta lectura de pergaminos no será difundida por la prensa lacaya, entiéndase: El Espejo de Palacio de Sir Trivilín, ni por los Heraldos del Guaro de Sir Randy el Facho, ni por El Tambor de la Corte, ni por El Clarín Presidencial, mucho menos por los troles del Reino del Guaro: La Rizada, la tránsfuga del título y de la palabra, el Pedigüeño del Sinpe y los demás bufones del algoritmo pagados por la Corte Real con monedas de la Cámara del Oro Centroamericano.

Firmado,

Vuestra siempre,
Lady Susurros


Glosario zapotónico

Rey Guarito I
El monarca del guaro, el Acosador Repatriado, dueño de los espejismos del poder

La Dama Roja
Parlamentaria de verbo encendido, defensora de plebeyos y nobles sin oro

Ministerio de las Promesas Didácticas
La cámara encargada de la instrucción, hoy marcada por el abandono

Katarina la Adivina
La educadora del Tarot, dama de las cifras infladas

El Santo Monge
El Trol del Ring, bufón de Casa Monárquica, pluma mercenaria del guarismo

Vomit Euro Amargo
El Conde de la Tijera, guardián del Cofre, recortador de sueños

La Corte Real
Palacio del Guaro, centro de intrigas y propaganda

Parlamento de los Suspiros
La asamblea donde se leen los manifiestos y se baten las voluntades

El Espejo de Palacio
Medio cortesano de Sir Trivilín, espejo de la pompa monárquica

Heraldos del Guaro
Los voceros cortesanos que difunden el eco del Rey

El Tambor de la Corte
Otra trompeta de la propaganda oficial

El Clarín Presidencial
Pergamino sonoro pagado con el oro del Reino

La Rizada
Fanática del título, tránsfuga de la palabra, bufona cortesana

El Pedigüeño del Sinpe
Bufón del algoritmo, mendigo de monedas digitales


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